jueves, 30 de agosto de 2012

“Lo difícil es probar dónde estuvieron”

Las huellas de las víctimas que habían dado a luz antes de ser asesinadas

En el juicio por la represión en Campo de Mayo, hijos de desaparecidos contaron cómo secuestraron a sus padres.

 Por Alejandra Dandan

“¿Usted dice que las huellas están, pero todavía no identificaron el cuerpo? ¿Y dice también que de los 336 cuerpos (que hay en las fosas comunes del cementerio de Avellaneda) ninguno corresponde a restos de fetos humanos?”, preguntó el presidente del Tribunal Oral de San Martín Héctor Sagretti. Patricia Berardi, del Equipo Argentino de Antropología Forense, volvió a decir, entonces, lo que había dicho hasta ese momento, que la burocracia del cementerio ingresó en los papeles a un cuerpo identificado como NN, pero con las huellas de Marta Alvarez, secuestrada cuando llevaba ocho meses de embarazo. Y confirmó aquella otra realidad: en el segundo día del juicio por los crímenes de siete embarazadas en jurisdicción de Campo de Mayo volvió a aparecer así la certeza de que a las embarazadas las mataban después de dar a luz.

En la segunda audiencia del juicio que se hace en San Martín se reconstruyeron las historias de dos de las siete mujeres: Marta Alvarez, secuestrada el 19 de abril de 1976 con su esposo y otros tres compañeros en Grand Bourg, y María Eva Duarte, madre de dos hijos, embarazada y secuestrada con su compañero en su casa de Los Polvorines. Declararon el hijo de Marta, Gastón Mena (ver aparte), y los de uno de los compañeros de vivienda, Francisco Enrique Tiseira. Declaró la mujer de Francisco. Y la madre y el hermano de María Eva.

“Yo soy Leopoldo Tiseira, hijo de Francisco Enrique Tiseira, detenido el 19 de abril de 1976, en Gran Bourg, provincia de Buenos Aires”, se presentó Leopoldo al lado de su hermano Horacio, a la salida del juzgado. “En la casa donde se hizo el operativo de secuestro se llevan a mi padre y a otros dos matrimonios, y en ese momento estábamos todos los hijos. Se llevan a todos los mayores, y entre ellos a Marta Alvarez, que estaba con un embarazo notorio, de unos ocho meses.”

Leopoldo tenía dos años. Horacio, uno. En la casa además estaba Gastón Mena. “Mi mamá llega a la casa al día siguiente y nos tiene que llevar a cinco chicos como pudo, en colectivo, a la casa de la abuela. Prácticamente no se podía encargar de nosotros porque buscaba a la familia de Gastón. Gastón se quedó un mes con nosotros hasta que pudieron ubicar a la familia.”

Los hermanos pudieron reconstruir lo que pasó con su padre y la caída, porque entre los que se llevaron ese día estaba uno de sus tíos, Julio Visuara, que se escapó de Campo de Mayo. Es uno de los pocos relatos de sobrevivientes del centro. Su testimonio lo reprodujo en un cable la Agencia Ancla, llegó a la CADU, al Parlamento de Estados Unidos. A Julio volvieron a secuestrarlo en 1978 y está desaparecido.

“Nuestro tío Julio Visuara se fuga y por su relato supimos que todos estuvieron en Campo de Mayo”, dice Leopoldo. “Lo difícil es poder demostrar dónde estuvieron; primero no era fácil fugarse y cuando se fuga cuenta todos los detalles: desde que llega la patota a la casa, las golpizas, las torturas, las violaciones en Campo de Mayo, las descripciones del grupo que se los llevó y los apodos de los torturadores. El tío cuenta que nuestro padre es quien desde una ventanita saca las primeras conclusiones: ve el tren, la ruta 8, el colectivo 176 y dice: ‘estamos en Campo de Mayo’.”

La ventana contiene otra historia. “Por esa ventanita, mi tío estuvo por suicidarse al escuchar que habían violado a su mujer y cómo habían sido los interrogatorios. Cuando quiso hacerlo, mi padre no lo dejó. Le dijo: ‘¿Cómo vas a hacer eso?’. Y lo convence de que de-sista. Y eso, dice él, que es lo que lo rearmó anímicamente como para que decida escaparse.”

Francisco es uno de los cuerpos que identificó el EAAF. Y a partir de sus datos registrados por su nombre real, los antropólogos llegaron a ver cómo y dónde habían ingresado al resto del grupo todos como NN. Los mataron el 6 de mayo de 1976, en Ezeiza. Sus restos tenían lesiones en el cráneo: cuatro impactos de proyectil de armas de fuego. Los antropólogos también identificaron a Norma Benavídez y Francisco Hugo Mena. Faltan dos identificaciones del grupo, entre ellos Marta Alvarez y otra mujer de la que no tienen muestras de la familia. En lo que pareció un llamado más allá de la sala, Berardi dijo que “la familia no se ha acercado, así que no vamos a saber nunca cuáles son sus restos”.

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