lunes, 20 de agosto de 2012

La represión ilegal en Campo de Mayo

Empieza el jueves el proceso por la desaparición de 7 embarazadas, entre otras víctimas

Reynaldo Bignone y Omar Riveros estarán sentados nuevamente en el banquillo junto con otros siete torturadores que por primera vez llegan a juicio. Entre ellos, el ex teniente Carlos Tomás Macedra, identificado recientemente.

El jueves arranca un nuevo juicio por los crímenes de lesa humanidad ocurridos en jurisdicción de Campo de Mayo. Un núcleo serán siete casos de militantes mujeres embarazadas, secuestradas con sus compañeros, que dieron a luz en cautiverio y permanecen desaparecidas. Entre ellas, Ana María Lanzillotto, cuya historia puede pensarse como puerta de entrada a lo que fue la caída de la dirección del PRT-ERP

en julio de 1976, con la causa madre aún en instrucción. El juicio además acaba de incorporar la caída de dos jóvenes militantes de la UES, asesinados mientras distribuían volantes en la plaza de Martínez. Ese caso es clave para entender la potencia que pueden tener en este momento los testimonios de los viejos colimbas que se acercan a declarar como testigos de los operativos: la declaración de uno de ellos permitió identificar y detener recientemente al teniente Carlos Tomás Macedra, cabeza del operativo, ejecutor de esos crímenes que estará sentado por primera vez en el banquillo. Serán juzgados nuevamente Omar Riveros y Reynaldo Bignone, pero hay otras cinco situaciones como la de Macedra: torturadores, interrogadores o jefes de patotas que quedaron detenidos en el último año y van a ser juzgados por primera vez.

El juicio empieza a las 10 en la nueva sala destinada a los juicios de Campo de Mayo, ubicada en la calle Pueyrredón 3728 de San Martín. Es el séptimo juicio del distrito. En abril del año pasado terminó el juicio a, entre otros, Luis Abelardo Patti. A los graves problemas en la instrucción, con causas que durante años avanzaron a cuenta gotas, se sumó la dificultad de obtener una sala. A fuerza de pedidos y pedidos, la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia zona norte logró esta sala gestionada por el Consejo de la Magistratura.

El debate sumará ahora una serie de expedientes de distintos espacios. El primer núcleo son las embarazadas. Pese a que ese núcleo permitió darles alguna unidad a causas que venían completamente atomizadas y fragmentadas por el tipo de instrucción que hizo el juez Alberto Suares Araujo y que además permite leer la sistematicidad de la práctica a través de la sucesión de casos, es posible pensar que a las víctimas les quita la posibilidad de ser leídas en clave de sus inserciones políticas.

Las siete con sus compañeros están desaparecidos. Ellos son Marta Graciela Alvarez y su compañero Francisco Hugo Mena; con ellos cayeron Francisco Tiseira, Julio Visuara y Norma Argentina Benavides, que en este caso son víctimas de este juicio. Luego, se revisará el caso de Ana María Lanzillotto y Domingo Menna. También, María Eva Duarte y Alberto Samuel Aranda; Isabel Acuña y Oscar Gutiérrez Sesarego; Miryam Ovando y Raúl de Sanctis y el caso de Susana Stritzler pero no el de su compañero Armando Castro, asesinado en su caída. Además, se verá el caso de Beatriz Recchia y Antonio Domingo García, en un tramo que incluirá el secuestro de horas de su hija Juliana que tenía tres años.

“Ana María estaba embarazada de ocho meses cuando la secuestraron”, dice Eduardo Brizuela Lanzillotto, su sobrino. “Por testimonios supimos que la vieron en Campo de Mayo, se sabe que el embarazo llegó a término, que dio a luz y estaba bien, algunos dicen que nació una niña, pero no tenemos seguro si fue niña o niño. Nosotros esperamos que en el juicio se abra la posibilidad de que esta gente diga qué pasó con esa criatura, aparte de saber qué pasó con mis tíos. Nos encantaría mucho llegar a mi prima o primo. Su hermano Ramiro lo sigue buscando incansablemente. Ahora queremos saber qué pasó con sus padres, qué pasó con sus compañeros y que pasó primordialmente con el bebé.”

Otro eje será el caso de Florencia Villagra y Gustavo Cabezas. Militaban en la UES, tenían 18 años y el 10 de mayo de 1976 repartían volantes en Martínez. Un grupo de la Compañía Demostración de la Escuela de Comunicaciones, a cargo del teniente primero Carlos Tomás Macedra, los interceptó. Macedra sacó su 45, le pegó Gustavo en la cabeza y le dijo: “Hijo de puta, vas a cantar todo lo que sabés”. A Gustavo lo subieron sangrando a una camioneta. Florencia logró zafar de quien la sujetaba, pero recibió un tiro por la espalda cuando corría. Daniel Cabezas es el hermano de Gustavo. Encontró en Facebook a José Luis Aguas que en 1976 era conscripto. Aguas declaró ante el juez de instrucción en España y esa declaración permitió en mayo del año pasado detener a Macedra que ni siquiera figuraba en las listas de represores. Gustavo está desaparecido.

“Lo importante de esto es insistir con los colimbas”, dice Daniel Cabezas, querellante de la causa e impulsor con la Comisión de Campo de Mayo de la campaña que estimula los testimonios de los ex conscriptos. “José Luis Aguas era un colimba que participó del operativo y con su aporte logramos reconstruir todo lo que sucedió con detalles muy precisos, no sólo del operativo sino de la personalidad de Macedra, un teniente primero que en otro momento viola a una piba, eso lo cuenta Aguas. Lo destacable es ver cómo a través de ellos logramos reconstruir esto, lo que no sabemos es qué pasó con mi hermano. Después de que se lo llevan de la plaza perdemos el rastro, pero por lo que cuentan los colimbas supimos que lo llevaron al Batallón Esteban de Luca, y de ahí no sabemos a dónde.”

Entre los acusados, además de Riveros y Bignone hay otros de jerarquía, entre ellos algunos serán juzgados por primera vez. Ellos son Luis Sadí Pepa, ex director de la Escuela de Comunicaciones del Comando de Institutos Militares en 1977 que llega a juicio por Antonio García y Beatriz Recchia. También, Carlos Eduardo José Somoza, alias “Gordo 2”, oficial de inteligencia del Ejército, uno de los torturadores más violentos de El Campito; Eduardo Oscar Corrado, del comando de Institutos Militares; Julio San Román, alias “Cacho”, oficial de Gendarmería, uno de los jefes de la custodia de El Campito y Hugo Miguel Castagno Monge, alias “Yaya”, también de Gendarmería, el otro jefe de la custodia.

También serán juzgados los apropiadores directos de Laura Catalina de Santis, Carlos del Señor Hidalgo Garzón, oficial de inteligencia del Batallón 601 y su mujer María Francisca Morillo.

El juicio estará a cargo de los jueces Héctor Sagretti, Daniel Cisneros y Daniel Petrone. El fiscal será Marcelo García Berro. Actuarán como querellantes los abogados Mariano Gaitán, Florencia Sotelo y Alan Iud de Abuelas de Plaza de Mayo; Ciro Annicchiarico por la secretaria de Derechos Humanos de Nación y Pablo Llonto por el caso Cabezas.

domingo, 19 de agosto de 2012

Comienza juicio por maternidad clandestina, secuestros y asesinatos en Campo de Mayo

El ex dictador Reynaldo Bignone será juzgado desde el jueves próximo, junto a los represores Santiago Riveros, Eugenio Guañabens Perelló y otros, acusados por secuestros y violaciones a los DD.HH.

Para este juicio el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín juntó cinco causas, tres de ellas correspondientes a embarazadas desaparecidas junto a sus parejas y en un caso una asesinada en Campo de Mayo, explicó el abogado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Ciro Anicchiarrico, quien es querellante en el proceso.

Entre ellos a ocho embarazadas que dieron a luz en la maternidad clandestina que funcionaba en la guarnición militar de Campo de Mayo en la última dictadura.

Además se juzgará el caso conocido como "los panfleteros": dos adolescentes de 18 años que caminaban por la calle con volantes y panfletos cuando fueron interceptados por una patrulla mixta militar-policial.

La joven Florencia Villagra se asustó, salió corriendo y fue baleada por la espalda y asesinada por el oficial a cargo del operativo Carlos Macedra, quien se sentará el jueves en el banquillo de los acusados tras haber sido detenido gracias a la declaración de un ex conscripto de la época que lo identificó.

Gustavo Cabezas, el joven que iba con ella, fue secuestrado y está desaparecido en el hecho ocurrido el 10 de mayo de 1976.

Este caso fue incorporado el mes último por el tribunal y fue uno de los motivos de la suspensión del juicio hasta el jueves 23 a las 10, en una nueva sede alquilada por el Consejo de la Magistratura de la Nación, después de cinco procesos anteriores que debieron efectuarse en distintos recintos, como una sociedad de fomento y un teatro.

Otros juzgados, además de Riveros (ex comandante de Institutos Militares y del ex jefe de Campo de Mayo), Bignone (ex dictador), Guañabens Perelló (por entonces director de la Escuela de Servicios para Apoyo de Combate de Campo de Mayo) y Macedra, serán Luis Sadi Pepa, Osvaldo García, Carlos del Señor Garzón y María Francisca Morillo.

También se juzgará a dos gendarmes, Julio San Román y Hugo Castagno Monge.

El Tribunal fijó audiencias dos veces por semana en agosto y septiembre y cada 15 días en octubre, porque sus jueces deben asistir a juicios orales de otros tribunales de la jurisdicción.

Entre los ocho casos de embarazadas incluidos en el juicio están los de García-Recchia y Ovando, cuyos bebés fueron apropiados apenas nacidos en ese centro clandestino de detención.

Por la apropiación de la recién nacida Laura Ovando, nieta recuperada en setiembre de 2008, serán juzgados María Francisca Morillo y Carlos del Señor Garzón, quienes inscribieron a la beba como hija biológica nacida en el hospital militar de Campo de Mayo.

Su madre, Tita Ovando, fue secuestrada a los 22 años el 1 de abril de 1977 en la localidad de Virreyes y dio a luz en agosto.

En el juicio se tratará, además, la apropiación de Laura García Recchia, nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, cuyos apropiadores fueron ya condenados en un proceso anterior, y otros seis casos de embarazadas en lo atinente a la responsabilidad de las máximas jerarquías del centro clandestino.

Campo de Mayo fue uno de los mayores centros clandestinos de detención con 5.000 hectáreas en el conurbano bonaerense y allí funcionó la maternidad clandestina y tres lugares de alojamiento de secuestrados.

Se calcula que por los tres centros clandestinos que había en el lugar pasaron unas 4.000 víctimas de las cuáles sobrevivió solo un diez por ciento.

A esa guarnición eran llevados secuestrados de la zona 4 del Ejército que abarcaba San Miguel, Vicente López, Tres de Febrero, Pilar, Escobar, Tigre, San Fernando, General San Martín, Exaltación de la Cruz, Zárate, Campana y San Isidro.

La megacausa está a cargo de la justicia federal de San Martín y este será el sexto juicio oral que se realiza, ya que Bignone y Riveros tienen condenas a prisión perpetua por los anteriores procesos.

Los partos se hacían en el hospital Militar de Campo de Mayo, a cargo del fallecido médico militar Julio Caserotto y también bajo la órbita de Norberto Bianco, un médico extraditado desde Paraguay.

La nueva sala de audiencias donde se realizará el juicio está ubicada en Pueyrredón 3728, a dos cuadras de la Municipalidad de San Martín.

sábado, 21 de julio de 2012

Primer Cuerpo de Ejército: elevado a juicio oral otro tramo de la investigación

Alcanza a siete acusados por la privación ilegal de la libertad y aplicación de torturas a personas detenidas en la localidad de Junín y mantenidas en cautiverio en centros clandestinos de detención, ubicados en dicha ciudad y otras localidades cercanas

En el marco de la causa del Primer Cuerpo de Ejército donde se investiga el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, el Juez Daniel Rafecas, dispuso la elevación a juicio oral y público, de siete personas imputadas por la privación ilegal de la libertad y aplicación de torturas a personas detenidas en la localidad de Junín y mantenidas en cautiverio en centros clandestinos de detención ubicados en dicha ciudad y otras localidades cercanas.

Se trata del Coronel del Ejército Ángel José Gómez Pola, quien se desempeñó bajo el mando del fallecido Coronel del Ejército Félix Camblor, entonces a cargo de la Subzona 13. Gómez Pola permaneció a cargo del Área 131, en la cual se instalaron los centros clandestinos; el Comisario Abel Oscar Bracken, por su actuación a cargo de la Comisaría Primera de Junín, que en forma paralela a su actuación regular, funcionó como centro clandestino de detención y tortura, alojando incluso a Hugo Torreta, uno de los tres desaparecidos de Junín, quien según los testigos llegó a la Comisaría muy deteriorado a raíz de la tortura y luego de horas fue sacado del calabozo y pasado a la categoría de desaparecido; el Comisario Inspector Edgardo Antonio Mastrandrea, por entonces Oficial Inspector de la Comisaría citada, quien integraba la patota de la ciudad de Junín, quien fuera conocido posteriormente por su aparición pública como ex Comisario, especialista en seguridad urbana; Julio Ángel Esterlich, entonces Oficial Subinspector de la misma dependencia, también integrante de la patota encargada de detener y torturar; y Francisco Silvio Manzanares, por entonces Suboficial Inspector de la misma Comisaría.

En la misma elevación a juicio fueron incluidos el Oficial Subinspector de Policía Miguel Ángel Almirón, quien estuvo a cargo del Destacamento Morse, ubicado a unos 25 km de la localidad de Junín, sitio que también funcionó como centro clandestino de detención; y el médico policial Aldo Antonio Chiacchietta, quien hizo uso de su oficio en la Comisaría y en el centro clandestino que funcionó en la entonces Cárcel en construcción (actual Unidad nro. 13 del Servicio Penitenciario Provincial), donde se alojó a 14 personas que fueron sometidas a crueles tormentos.  En el marco de la investigación se comprobó que Chacchietta se encargaba de controlar los signos vitales de las víctimas mientras eran torturadas.

La investigación por los hechos sucedidos en la jurisdicción de Junín, determinó que en ella aparte de la Comisaría 1ª de Junín, el Destacamento Morse y la Cárcel en construcción, también funcionó como centro clandestino la Unidad Regional VIIIª, contigua a la Comisaría.

La elevación a juicio comprende otro de los tramos de investigación que tuvo a su cargo el Juez Daniel Rafecas, quien en la misma investigación elevó a juicio las causas “Automotores Orletti, “Hospital Posadas”, “Mansión Seré” y circuito represivo de la Subzona 16, Vesubio, y “Atlético-Banco-Olimpo”, a partir de las cuales se dictaron diversas condenas

lunes, 16 de julio de 2012

Careo Videla - Martinez y Riveros

De nuevo los tres juntos, pero esta vez en el juzgado

Interrogados sobre Santucho, Riveros y Videla coincidieron en que la muerte del líder del ERP les produjo “alegría”.

 Por Diego Martínez

El dictador Jorge Rafael Videla, su ex jefe de inteligencia Carlos Alberto Martínez y el ex jefe del Comando de Institutos Militares Santiago Omar Riveros protagonizaron ayer un careo sobre el destino de los restos del ex jefe del ERP, Roberto Mario Santucho, abatido por un pelotón del Ejército en julio de 1976. Videla reiteró que dio la orden “de que el cuerpo no aparezca”, pero relativizó su afirmación de abril, cuando apuntó a Riveros como el encargado de cumplirla. “Era una suposición”, explicó. El ex jefe de la Zona IV y de Campo de Mayo, sede del mayor campo de concentración del país, dijo impávido que no hubiera acatado “una orden de esa naturaleza, que lastima mi conciencia”. Ambos admitieron ante Ana Santucho, una de las hijas del guerrillero, su alegría por la muerte “del hombre más importante de la subversión”. El abogado Pablo Llonto, impulsor de la causa fundada en el derecho a la verdad, destacó el esfuerzo de la jueza civil Martina Forns, que luego de ordenar el careo y formular preguntas durante dos horas exhortó a los ancianos a enviar un mensaje a sus ex subordinados para que rompan el pacto de silencio.

Los militares retirados, citados como testigos, bajo juramento de decir la verdad, llegaron al Juzgado de San Martín al mediodía en móviles del Servicio Penitenciario Federal: Videla desde la cárcel de Marcos Paz, Riveros desde su casa de Belgrano y Martínez desde la suya en San Miguel, ambos con arresto domiciliario. El ex titular de la Jefatura II de Inteligencia es el único sin condena: fue detenido por primera vez hace apenas dos semanas. Riveros bajó del celular sin esposas, según los penitenciarios porque estaba mareado.

El careo inicial fue entre Videla y Riveros. El dictador ratificó la orden de desaparecer el cuerpo por “lo que implicaba su figura”, aunque aclaró que “fue una resolución de la Junta (que compartía con Emilio Massera y Orlando Agosti), dada la trascendencia del problema”. Riveros, que en mayo consideró “de una mendacidad absoluta” los dichos del dictador, agregó ayer que “no hubiera aceptado hacer desaparecer el cuerpo de Santucho”.

–¿A quién le dio la orden? –indagó la jueza.

–Supongo que el destinatario fue quien tenía responsabilidad en esa zona, que era Riveros, pero no sé si él la recibió. La lógica orgánica indica que debió recibirla, pero no fue una orden dada personalmente y tampoco por escrito –respondió Videla. Sobre los intermediarios, arriesgó que pudo haber sido el secretario de presidencia, léase el general Rogelio Villarreal.

Riveros, sordo del oído derecho, admitió que “tenía capacidad para darle muerte a Santucho y hacer desaparecer su cuerpo”, pero aseguró que no participó porque nadie pidió la intervención del Comando de Institutos Militares. “La muerte de Santucho era para el Ejército un galardón. El personal militar se motivaba para detenerlo o matarlo porque era un adversario importante”, afirmó ante la hija y ante Julio Santucho, hermano del jefe del ERP. “Lo hubiera cumplido con todo gusto”, abundó, y agregó por si fuera necesario que “tenía capacidades para cavar un pozo y enterrarlo o tirarlo”.

–¿Le informaron si se cumplió la orden? –volvió la jueza hacia Videla.

–No tuve respuesta en forma personal. Era un secreto y no saberlo era la mejor forma de guardarlo.

Martínez, parco, dijo no recordar cómo se enteró de la muerte de Santucho. “Supongo”, dijo, que por intermedio de Videla, con quien se reunía “dos o tres veces por semana”. Cuando la jueza le recordó que en el enfrentamiento murió el capitán Juan Carlos Leonetti, miembro del Batallón de Inteligencia 601 que dependía de su jefatura, insistió en que “desconoce” los hechos aunque “imagina” que Leonetti “acompañó a la patrulla para guiarlos con precisión” al departamento donde se reunía la cúpula del ERP.

Riveros, verborrágico, dijo que “muchas veces me preguntaron por el cadáver de Santucho, incluso (Martín) Balza me lo preguntó, pero Santucho no era San Martín como para que lo entierren en Campo de Mayo”. “Puede que algún trasnochado o tarado mental se le haya ocurrido, pero no me consta”, afirmó. “Santucho fue la búsqueda del tesoro para el Ejército por ser el hombre más importante de la subversión”, aseguró.

–¿Sabían de la orden de desaparecer el cuerpo? –preguntó la jueza a Riveros y a Martínez.

Ambos aseguraron que no. “Me sorprendió la decisión. ¿Cómo puede ser que a un cadáver que apareció ‘por derecha’ en un enfrentamiento lo hicieron desaparecer ‘por izquierda’?”, se preguntó Riveros, ex jefe de una zona militar donde todo fueron secuestros y desapariciones “por izquierda”.

–¿Qué piensa de esa pregunta? –le planteó la jueza a Videla.

–El destino del cuerpo fue analizado por la Junta, fue una decisión compartida, una especie de pacto de silencio. Ojalá hoy se pudiera revelar ese secreto. Las condiciones actuales son distintas y el problema de la veneración del cuerpo de Santucho hoy no tiene sentido –supone Videla.

El dictador coincidió con Riveros en que “más allá del respeto a los familiares, la muerte de Santucho” les causó “íntimamente alegría, porque se había abatido al enemigo” y “en combate abierto”. “Si viera a alguien que le deja una flor a Santucho lo aplaudiría por el respeto que se merece”, agregó Videla, responsable de que miles de argentinos no tengan siquiera una tumba donde dejar flores para sus seres queridos.

martes, 19 de junio de 2012

Elevan a juicio causas de la represión en Junín

El juez federal Daniel Rafecas elevará a juicio oral en los próximos días las causas por delitos de lesa humanidad en la localidad bonaerense de Junín contra siete ex policías y militares por secuestro y torturas cometidos contra 30 personas durante la última dictadura. Se trata de dos partes de la causa que concentran los delitos cometidos en el marco del terrorismo de Estado en la zona de Junín y que forman parte del entramado represivo de la megacausa Primer Cuerpo del Ejército

 El juez federal Daniel Rafecas elevará a juicio oral en los próximos días las causas por delitos de lesa humanidad en la localidad bonaerense de Junín contra siete ex policías y militares por secuestro y torturas cometidos contra 30 personas durante la última dictadura. Se trata de dos partes de la causa que concentran los delitos cometidos en el marco del terrorismo de Estado en la zona de Junín y que forman parte del entramado represivo de la megacausa Primer Cuerpo del Ejército.
El expediente, “Almirón y otros sobre privación ilegal de la libertad agravada”, tienen como procesado al coronel retirado Ángel José Gómez Pola, quien se desempeñó como jefe del Área 31 de la Subzona 13, que tenía jurisdicción sobre el circuito represivo que  funcionó en Junín y que integraron cuatro centros clandestinos de detención: la Comisaría 1ª de Junín, la Unidad 13 del Servicio Penitenciario Provincial (conocida como Cárcel de Construcción), el Destacamento Policial Morse y la Unidad VIIIª de Junín. Pola, quien como jefe militar desde el 6 de diciembre de 1976 al 5 de diciembre de 1977 estaba al mando de la policía, está procesado como autor mediato de 24 casos de privaciones ilegales de la libertad y por los tormentos sufridos por 14 de esas personas.
 
Además del ex coronel, está procesado por 16 casos de secuestros y tormentos el comisario inspector retirado Miguel Ángel Almirón, quien le da nombre a la causa y es señalado como la “cara visible” del “Destacamento Morse”, centro clandestino ubicado a unos 25 kilómetros de la ciudad de Junín y que dependía de la Comisaría 1ª.
También formarán parte del juicio el ex comisario inspector Edgardo Antonio Mastrandrea; los ex comisarios Abel Oscar Bracken y Julio Ángel Esterlich; el ex médico policial Aldo Antonio Chiacchietta y el oficial superior retirado Silvio Manzanares.
Las acusaciones contra  ellos y contra Almirón, es por la autoría directos en los 30 casos de secuestros y tormentos en la zona de Junín. “Los reproches están anclados en sus roles de custodios, interrogadores y torturadores de los centros de detención clandestinos”, señaló el requerimiento de elevación a juicio que el fiscal federal Federico Delgado presentó a fines del año pasado.


https://sites.google.com/site/porlamemoriajunin/home 

domingo, 3 de junio de 2012

Infimas penas para dos genocidas y un tercero, impune

Roberto Bustos recibió 19 años de prisión y Jorge Bianchero, nueve. En el juicio se ventiló el secuestro de un grupo de personas que participaba de un taller literario.
Roberto Bustos, ex jefe de informaciones de San Martín, y Jorge Bianchero, de la seccional 3 de Villa Lynch.
 
Dos ex comisarios de la policía bonaerense fueron condenados ayer por el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín por delitos de lesa humanidad en 1979. Se trata de Roberto Ramón Bustos, entonces a cargo de la división informaciones de la delegación San Martín, y Jorge Julio Bianchero, ex titular de la seccional 3 de Villa Lynch, que recibieron penas de 19 y 9 años de prisión, respectivamente. El tribunal que integran Lucila Larrandart, Héctor Sagretti y Daniel Petrone dispuso que los condenados cumplan la sentencia en una cárcel común. El juicio fue oral y público, pero se desarrolló en una sala con capacidad para ocho personas. Por un accidente cerebro vascular, luego de permanecer varios años prófugo, quedó fuera de juego antes del inicio del juicio el coronel retirado Nedo Otto Cardarelli, ex jefe del Destacamento de Inteligencia 201 con responsabilidad en centenares de secuestros de personas desaparecidas en Campo de Mayo.

El sábado 12 de mayo de 1979 a la noche un grupo de tareas irrumpió en un departamento de Ecuador 318, en la ciudad de Buenos Aires, y secuestró a seis personas, todos compañeros de un taller literario que, según testigos del juicio, tenían previsto viajar a España para publicar un libro sobre la represión en la Argentina. Las víctimas fueron Noemí Beitone, Jorge Sznaider, Jorge Pérez Brancatto, Hugo Malozowski (los tres estudiantes del profesorado de Historia en el colegio Mariano Acosta) y el matrimonio de escritores que formaban Mirta Silber y Carlos Pérez. Los seis permanecen desaparecidos y existen indicios de que estuvieron en cautiverio en Campo de Mayo. Dos días antes, la policía de Villa Lynch, por orden del Ejército, había detenido a un hermano de Beitone junto con un amigo en un departamento de esa localidad. Ambos fueron interrogados y liberados.

“Nosotros éramos simples informantes, sólo se hacían informes de inteligencia”, intentó minimizar su responsabilidad Bustos, que se encargaba de recopilar la información sobre la “lucha antisubversiva” en la delegación San Martín. “Nosotros nunca hicimos operaciones y también la pasamos mal en esa época, tuvimos que ponernos muy rígidos con nuestros vecinos”, dijo al ejercer el derecho a pronunciar sus últimas palabras. “Mis manos están limpias”, concluyó. Previendo la condena, pidió que se le concediera el arresto domiciliario y se dispuso a esperar el fallo junto a Bianchero en el jardín de la casona de Olivos donde se realizó el juicio.

Uno de los pocos privilegiados que pudo ingresar a la sala fue León Sznaider, padre de Jorge, que tenía 19 años y cursaba el primer año del profesorado en Historia. Familiares y allegados a las víctimas junto con militantes de Hijos y de la Comisión Campo de Mayo aplaudieron de pie al anciano, que con el abogado Pablo Llonto realizó la presentación que permitió reabrir la causa. Sin micrófono, con decenas de personas amontonadas en una escalera, fuera de la sala, esforzándose para escuchar, Larrandart leyó la sentencia: 19 años de cárcel para Bustos como coautor de dos allanamientos ilegales, ocho secuestros, y de los tormentos agravados por tratarse de perseguidos políticos en los casos de quienes permanecen desaparecidos; nueve años de prisión para Bianchero por un allanamiento ilegal y los dos primeros secuestros.

Los jueces destacaron que se trató de delitos de lesa humanidad, por ende imprescriptibles, y encomendaron a la justicia de primera instancia investigar al resto de los policías y militares que participaron o tuvieron responsabilidad en los mismos hechos. A pedido del fiscal federal Marcelo García Berro y en base a la declaración del dictador Jorge Videla sobre el destino de los desaparecidos, los jueces ordenaron que se investigue la responsabilidad de Bustos en los homicidios de las víctimas.

Antes del comienzo del juicio, que duró tres semanas, los acusados habían pedido la suspensión a cambio de una probation, léase tareas comunitarias. Bianchero ofreció además pagar dos mil pesos a la familia de cada víctima como “resarcimiento” por su responsabilidad. El tribunal rechazó los ofrecimientos y también el pedido de arresto domiciliario con el que insistieron hasta ayer. Los ex comisarios afrontaron el proceso en libertad y tras la sentencia quedaron por primera vez detenidos, a sus 78 años y a un tercio de siglo de los hechos. La propia Larrandart actuará como jueza de ejecución. Los presentes aplaudieron la sentencia, nombraron y gritaron “presente” para recordar a cada una de las víctimas. Los condenados quedaron en la sala a la espera de los penitenciarios que los trasladarían a la cárcel. Nedo Otto Cardarelli morirá impune.