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viernes, 31 de mayo de 2019

La represión en FABI, Mercedez Benz y una convocatoria del gobierno de Empresas y DDHH


Los testimonios en los juicios a la represión en el corazón del sistema capitalista son ejemplos de que el bloque de poder decidió a sangre y fuego, con su brazo armado, el ejército, anular los derechos laborales y políticos conseguidos por los trabajadores. FABI es un ejemplo que nadie cita, salvo esta agencia. En tanto la causa Mercedes Benz se inició, con detalles de los grupos de tareas. El gobierna organiza el Primer Foro Regional de Planes Nacionales de Acción y Políticas Públicas en Empresas y Derechos Humanos.

 Por Lucho Soria para ANRed

Segundo tramo Monte Peloni

En el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata se iniciaron los alegatos en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad investigados en el segundo tramo de la causa denominada “Monte Peloni”, que se centra en el circuito represivo ilegal que operó en la subzona militar 12 y abarcó los distritos de Olavarría, Tandil, Las Flores y Azul. En ese contexto la represión en la Fábrica Argentina de Bolsas Industriales de Hinojo (FABI) en Olavarría.

Los 28 acusados por privaciones ilegítimas de la libertad, tormentos, homicidios y desapariciones comenzaron a escuchar el alegato de los fiscales Ángeles Ramos, titular de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, y Juan Manuel Portela, fiscal federal de Necochea. Su exposición de las acusaciones y luego los pedidos de pena se extenderán en las próximas semanas. Entre las causas dadas en el juicio fue la represion en la fabrica FABI, invisibilizada, salvo en el portal Que digital de Mar del Plata, portal con el cual ANRed tiene reciprocidad para compartir la info.

La palabra de un trabajador de FABI

El año pasado Gabino Diorio brindó declaración testimonial a través de una video-conferencia desde la Facultad de Ingeniería (UNICEN) de Olavarría. Relató que ingresó a trabajar a FABI en 1974 y que siempre habían existido atropellos contra los trabajadores, principalmente porque no tenían un sindicato que los representara. Contó que existieron varios despidos y que esto motivó medidas de protesta que permitieron la reincorporación de sus trabajadores. De esta manera, pudieron organizarse sindicalmente, Diorio relató que el 12 de mayo de 1976, se llevaron detenidos a varios trabajadores, incluido a él. “A las 16 hs se llevaron cuatro o cinco trabajadores y a las 20 hs me llevaron a mí. Me pusieron esposas, me encapucharon y me llevaron a la Comisaría de Olavarría” detalló. Allí dijo que sufrió humillaciones, agresiones verbales y no tanto físicas. Posteriormente lo trasladaron encapuchado a la Comisaría de Sierra Chicha, al día siguiente lo regresaron a Olavarría para finalmente trasladarlo a la Unidad Nº 7 de Azul donde estuvo hasta el 7 de septiembre. “Diorio, yo lo tengo que excarcelar, pero usted quedó a disposición del área 124” le dijeron.

“Estuve donde usted me mandó”

Diorio mencionó a Branko Zuljevic, quien era el director de la fábrica, como uno de los responsables de las detenciones. En muchos de los testimonios que se escucharon en torno al caso FABI, Zuljevic es señalado como aquel que le indicaba a las fuerzas de seguridad a qué trabajadores debían llevarse. El testigo contó que al obtener su libertad, regresó a la fábrica buscando una indemnización. Ante la pregunta de Zuljevic sobre dónde había estado, Diorio le respondió “Estuve donde usted me mandó, jefe”. Lógicamente Diorio no fue el único obrero que declaro, sino también los familiares de las víctimas, como sucede en todos los juicios.

Lo de Mercedes Benz

Los ex trabajadores de Mercedes Benz Julio D’Alessandro y Eduardo Estivill Navarro, y Silvia Núñez y Mirta Arenas, hija y hermana de los obreros secuestrados Alberto Nuñez y Alberto Arenas, respectivamente, revelaron la complicidad de la empresa, del Smata y de los servicios de inteligencia, un grupo de tareas, al igual que en otras fábricas de la zona norte del conurbano bonaerense.

Silvia Nuñez es la hija mayor del Alberto Nuñez y que tenía 10 años cuando su padre fue secuestrado dos veces: la primera el 7 de agosto de 1977, cuando fue llevado de su casa, y la segunda, seis días después, cuando se lo llevaron de la casa de sus abuelos. “El 13 era mi cumpleaños, a la madrugada fueron de vuelta a buscarlo recordó Silvia.  También contó al tribunal que su casa había reuniones de los compañeros de su padre casi todos los días.

Y que de acuerdo a lo relatado por Héctor Ratto, lo vio en Campo de Mayo, como los 14 trabajadores detenidos y posteriormente asesinados. Cabe acotar que el testimonio de Ratto, detenido en la fabrica, se postergó por su estado de salud.

Julio Dalessandro y Eduardo Estivill Navarro, precisaron con rigor las luchas y en algunos momentos sus voces a la hora de nombrar los compañeros desaparecidos, latían de emociones con un nudo en la garganta que cubría la sala de audiencia y al final Julio «El Tano» Dalessandro cerró su testimonio al pronunciar por los 30 mil detenidos desaparecidos. Previamente dijo su identificación por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Cabe agregar que se fundó en CABA un 25 de Mayo 1965, con presencia de delegados del interior y que de sus asistentes, dos de ellos vindican esa acción.

Ambos relataron la lucha por las condiciones laborales, la persecución a quienes la impulsaban, pese a las presiones de los directivos de la empresa, los cuales no están sentados en el banquillo de los acusados. El único imputado en esta causa, el coronel Benito Angel Omaechevarría, murió un par de semanas atrás.La persecución y secuestro de los trabajadores de la Mercedes Benz es uno de los casos. Los detenidos del Colegio Militar, los militantes de la Columna Norte de Montoneros y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) bajo el área 400 del Ejército de Zárate y Campana y los casos de las 14 mujeres embarazadas, forman parte de un juicio que va a demandar más de un año de recoger los testimonios.

Un foro con un título para la antología.

Primer Foro Regional de Planes Nacionales de Acción y Políticas Públicas en Empresas y Derechos Humanos

«Estamos organizando el primer encuentro regional con enfoque en políticas públicas sobre Empresas y Derechos Humanos, que tendrá lugar el 3 y 4 de junio en el CCK de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires»

Según la información oficial «Para la realización de este importante evento, contamos con el apoyo institucional de organizaciones internacionales y nacionales interesadas en promover la conducta de negocios responsable en materia de derechos humanos.

En este marco, Roel Nieuwenkamp (Embajador de Países Bajos en Argentina) y Froukje Boele (Mánager de Conducta Empresarial Responsable en América Latina y el Caribe de OCDE) presentarán – por primera vez – la guía de debida diligencia para empresas en español de la OCDE. Por su parte, Birgit Gerstensberg (Representante del ACNUDH-América del Sur) presentará las acciones que realizarán para apoyar la implementación del plan argentino y las normas para inclusión de la diversidad.

Por su parte, UNICEF Argentina presentará la línea nacional de base en derechos de la infancia y empresas. Este foro contribuirá a dar a conocer en el país las experiencias y desafíos en materia de implementación de los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas (PRNU) en la región latinoamericana.

Nuestro objetivo es contribuir al logro de transformaciones institucionales y cambios culturales respetuosos de los Derechos Humanos en las empresas públicas y privadas de Argentina y la región, a través de la sensibilización y formación específica de los diferentes actores clave del Estado, las asociaciones sindicales, la comunidad empresarial y la sociedad civil.

Para poder impulsar en nuestro país un modelo de desarrollo con enfoque de derechos, se torna necesario crear un clima adecuado para las inversiones, que a su vez integre en su modelo de negocios el respeto a los derechos de todos los habitantes.

Esta nueva agenda ampliada en Derechos Humanos nos encuentra realizando esfuerzos mancomunados entre el sector público y el privado para lograr una inserción inteligente al mundo. Estado, sector privado, Sociedad Civil y la Academia surgen como pilares esenciales para la implementación de Planes Nacionales de Acción en Empresas y Derechos Humanos». Un foro regional sobre Empresas y Derechos Humanos en el contexto de avasallamiento de los derechos laborales, de trabajadores muertos en sus puestos de trabajo, como en Vaca Muerte, por citar un solo ejemplo, y sociales que no deja de sorprender…en fin.

viernes, 6 de abril de 2018

Avanza el juicio a la Ford por la participación en la dictadura

Carlos Propato declaró el 5 de marzo en los Tribunales de San Martín en el juicio a la multinacional Ford por crímenes durante la última dictadura. Son tres los imputados: Santiago Omar Riveros -acumula condenas en otras causas y era Jefe de la zona cuatro de la provincia de Buenos Aires-, Pedro Muller -era gerente de manufactura, el segundo de la empresa- y Héctor Sibilla -era jefe de Seguridad, ex militar. Mayor del Ejército-. Propato dialogó sobre los detalles de su declaración con Fernando Tebele en el programa radial sobre los juicios a los genocidas, Oral y Público. (Por La Retaguardia*)

"La ansiedad antes de declarar es inmanejable. Uno se siente en la cresta de la ola, en la efervescencia total llevada por 42 años de trabajo. De golpear miles de puertas, ir a visitar miles de personas. Que no nos atiendan, que no nos den un lugar para llevar nuestro grito de justicia que nos costó tanto. Éramos 24 y ya quedamos trece. Mal número para mí, pero así es la vida", expresó Propato a La Retaguardia unos días antes de su declaración, en la que recordó su época en cautiverio como un infierno.

"En la Ford sucedió el secuestro de 24 compañeros en distintos tiempos y lugares. A algunos los fueron a buscar en la casa, a otros los agarraban en la calle, a otros los tomaron a la salida de la Ford. En nuestro caso, fuimos secuestrados el 13 de abril de 1976 en nuestros puestos de trabajo. Nos encapucharon, nos esposaron, nos llevaron al quincho y estuvimos casi diez horas bajo tortura adentro de la empresa. En un quincho que nosotros habíamos hecho tiempo atrás para beneficio de los trabajadores, de uso recreativo. Jugábamos al fútbol. Lo habíamos conseguido por medio de trabajo sindical. Luego, la Ford se lo entregó al Ejército y se hizo una especie de cuartel con 400 activos dentro de ese lugar", recordó sobre la directa colaboración de la multinacional con los intereses económicos, políticos y genocidas del golpe.

“Si el patrón te dice ladrá, te pones en cuatro patas y haces que sos un perro”, declaró Propato que le dijeron en la primera sesión de tortura. "Nos torturaba el personal del Ejército y Gendarmería. Pero en esos tiempos, que ellos denominaban la guerra sucia, no usaban uniforme, pero para mí eran todos del Ejército porque estaban a cargo. En la empresa éramos diez mil obreros. 7 mil 'comunes' y 3 mil 'profesionales'. Pero fuimos presos sólo 24. Es decir que alguien les informó, luego vimos planillas con el logo de Ford. Sobrevivientes somos sólo 13", insistió.

"Luego de esas horas de tortura, estuvimos cincuenta días desaparecidos en la comisaría de Tigre. De ahí, teóricamente nos blanquearon y nos llevaron a la cárcel de Devoto, donde estuve hasta el 5 de septiembre de 1976. Luego fui a la cárcel de Azul y luego a Sierra Chica hasta mi libertad, que fue en 1977. Las cárceles eran centros de tortura también. Los 'comunes' de Sierra Chica vivían como duques a comparación de nosotros. Yo perdí el 50% de un ojo, me fracturaron una vértebra de la cintura, estuve sin conocimiento como siete días, eso está todo documentado. Eso es producto de las torturas, las palizas que me pegaron. En dos horas me pegaron nueve palizas", detalló.

En su declaración judicial, contó una escena: "Estaba muy loco. Me ponen en la cabeza una bolsa de plástico de modo tal que no podía respirar y me iba ahogando hasta que Troiani (otro de los delegados detenidos, torturados, encarcelados y parte del grupo que sustentó con sus testimonios la causa contra la Ford) tiró un manotón, rompió la bolsa y pude volver a respirar”.

En diálogo con La Retaguardia, Propato agregó: "Después te sacaban a la noche, te bañaban con agua helada, hacían simulacro de fusilamiento. No sé cuándo exactamente nos blanquearon. Los palos y la tortura seguían y había mucha gente que desaparecía. Los sacaban a la noche de la cárcel y al otro día decían que se habían fugado. En la historia del Servicio Penitenciario nunca nadie se fugó de Sierra Chica, así que no sé cómo aparecían muertos del otro lado", contó sobre los supuestos fugados. "En esa época se decía que en la cárcel te blanqueaban, pero seguía siendo lo mismo. Después de un tiempo empezamos a recibir visitas de quince minutos. Verdugueaban a la familia. Mi hija aprendió a caminar en la cárcel, mi hijo quedó tartamudo como cinco años. A las mujeres, el verdugueo que les hacían a las que iban a visitarnos...", agregó.

Qué significa declarar

"La puerta que se abre para poder contar al mundo, a Latinoamérica, a los amigos, a los vecinos, lo que verdaderamente es esta multinacional Ford en Argentina. Los antecedentes vienen de 1945 en Alemania, toda la vida fueron esclavistas. Trabajé desde el 5 de septiembre de 1970 y me secuestraron el 13 de abril de 1976. Cuando entré, la efervescencia que había dentro de la empresa era terrible, había sido hacía poco el Cordobazo. Fue cuando los obreros se dieron cuenta de que tenían derechos", recordó Propato. "La Ford empezó a trabajar dentro del mundo del gremialismo, la política, era muy importante dentro del sector industrial de Pacheco. Nosotros hablábamos con todas las empresas, hicimos una marcha de diez kilómetros el 16 de abril de 1975 en la Panamericana. Eran empresas importantes y movimientos importantes. A Ford eso no le convenía. Hicimos el mejor convenio, pusimos el 1% de la producción para el sindicato. Nunca vimos un peso", aseguró. "Con el golpe, todo lo que conseguimos durante años de lucha lo perdimos de un plumazo. Nos quitaron el 49% de los beneficios ganados que nunca se recuperaron", contó Propato.

Volver

"Volvimos al lugar en 2012 cuando estaban haciendo la investigación. Nos llevaron a reconocer las partes en las que nosotros estuvimos. El lugar estaba medio desaparecido, dibujado para que no parezca lo mismo, pero nosotros reconocíamos todo. Imaginate que estuve muchísimos años adentro de Ford", concluyó.

* Los segmentos de la declaración judicial fueron extraídos de https://cronicasdelnuevosiglo.com/2018/03/05/testimonio-de-carlos-propatto-en-el-juicio-contra-la-ford-y-me-dijeron-si-el-patron-te-dice-ladra-te-pones-en-cuatro-patas-y-haces-que-sos-un-perro/

miércoles, 15 de marzo de 2017

Sábado 18/03 acto y marcha en la Guarnición Militar Campo de Mayo

Nuevamente como desde hace once años la Comisión por la Recuperación de la Memoria de Campo de Mayo convoca el sábado 18 desde las 9,30 horas  a una marcha y  acto en la Guarnición Militar Campo de Mayo, con accionar en desde el 24 de marzo 1976 en la Zona 4, que abarcaba los partidos de General Sarmiento, Escobar, General San Martín, San Isidro, San Fernando, Tigre, Vicente López, Tres de Febrero.

La juntada es para no ceder entre las acciones de los que galvanizan el olvido y las acciones de la militancia, media una distancia enorme, no de palabras, sino de significación acerca de cuál es la sustancialidad de la democracia en el contexto de la imprescriptibilidad de los crí menes de lesa humanidad.

El acto será  frente al Hospital Militar donde la empresa Mercedes Benz instaló un aparato de neonatologia para los partos de las compañeras detenidas con el posterior  apoyo del Movimiento Familiar Cristiano, en la entrega y apropiación de los niños de las víctimas del terrorismo de Estado. en un juicio que no se acepta mas dilaciones.

A mas de una década de la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en los cursos de acción de los juicios se demostró la activa participación de empresarios, jueces y fiscales, monjas y sacerdotes, en particular los capellanes,  entre otros que conformaron la alianza cívico militar que ejerció el poder desde antes del 24 de marzo del 76 .  La Masacre de Capilla del Rosario en Catamarca el 11 de agosto de 1974  con el fusilamientos de 14 combatientes que se entregaron con vida, el Operativo Independencia desde febrero 1975 y la represión fabril en Villa Constitución el 20 de mazo 1975, por citar didácticos ejemplos.

Esta guarnición militar de exterminio de trabajadores, familiares, militantes y combatientes todavía se espera que todos sus responsables sean sentados en el banquillo de los acusados ( apenas se han concretado doce juicios) y que no sean beneficiados con el punto final biológico, gracias a un andamiaje jurídico impulsado por los defensores oficiales y por quienes desde el Poder Judicial son renuentes a avanzar. Un grupo de tareas que persiste y ahora con oxigeno oficial.

Un muro de impunidad que desde la militancia potencia no ceder en Memoria, Verdad y Justicia, sino aceptar el desafío ideológico desde el bloque de poder de cerrar las heridas del pasado.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Campo de Mayo: detuvieron a represores y se negaron a declarar

Pacífico Luis Britos
Por la Policía de Seguridad Aeroportuaria

Cuatro de ellos habían sido apresados entre el domingo y lunes, y el restante cumplía prisión domiciliaria y fue conducido por la fuerza para declarar en el juzgado. A los cinco se los interrogó por su accionar como responsables de la plana mayor de Zárate-Campana. “Eran los encargados de poner los medios a disposición de las fuerzas de tareas”, dijo el fiscal.

Fotos: Gustavo Molfino.
Por: Juan Manuel Mannarino

Alfredo Oscar Arena
ANTECEDENTES

"El horror en el banquillo": el libro de los juicios de Campo de Mayo
Campo de Mayo, territorio y guarnición militar en una performance...
Campo de Mayo: un nuevo juicio por lesa humanidad en San Martín
Cinco represores fueron indagados en el Juzgado Federal de San Martín por la megacausa de Campo de Mayo. Cuatro de ellos habían sido detenidos entre el domingo y lunes, y el restante cumplía prisión domiciliaria y fue llevado al Tribunal. Todos, sin embargo, se ampararon en el silencio. “Son de la plana mayor de la zona de Zárate Campana, y se los indagó por casi 30 casos. Pero se negaron a declarar”, dijo el fiscal Hugo Bogetti 

Federico Mitchel
Los represores detenidos por la Policía de Seguridad Aeroportuaria son: Alfredo Oscar Arena, Ramón Vito Cabrera, Federico Ramírez Mitchel y Pacífico Luis Britos. Mientras que Pascual Muñoz ya estaba con prisión domiciliaria y fue conducido por la fuerza para declarar en el juzgado. Se los interrogó por su accionar como responsables de la plana mayor de Zárate-Campana, que fue parte del  área 400 correspondiente a la zona 4 de Campo de Mayo.

Pascual Muñoz fue intendente interventor de Florencio Varela y jefe del Departamento Personal del Estado Mayor entre 1980 y 1982. Está imputado por 47 casos de lesa humanidad. En Campo de Mayo, se lo acusa por participar de por los crímenes ocurridos en la frustrada operación de la Contraofensiva
Vito Cabrera
Montonera en los años 1979 y 1980.

Pacífico Luis Britos.
Mientras los otros represores se mantuvieron en el anonimato, no fue el caso de Pacífico Luis Britos, que sigue dando conferencia sobre doctrina militar en ámbitos privados. En agosto de 2014 disertó sobre la figura de Julio Argentino Roca. Allí dijo: “Es uno de los personajes más importantes que formaron parte del glorioso Ejército Argentino, puesto que esa formación militar, surgida de una fuerte vocación, lo acompañó durante toda su vida y sirvió de base para desarrollar su personalidad, que le llevaron a ser uno de los políticos más destacados que consolidaron como Estado-Nación a esta querida Argentina nuestra”.
Se calcula que por Campo de Mayo, una de las más grandes dependencias militares del país, pasaron cerca de 7 mil personas, y sólo sobrevivieron 100.  “Fue un área con alto nivel represivo, que atacó fuertemente la militancia política y laboral. Era una zona fabril e industrial fuertemente sindicalizada. Y todavía tenemos pendiente cómo fue la relación 
operativa con las empresas”, definió el otro fiscal de la causa, Miguel García Ordaz.

Federico Ramírez Mitchel.
Según la fiscalía, los detenidos -que son parte del Ejército y de la Marina- cumplieron roles de responsabilidad en las áreas de Personal, Logística e Inteligencia, pero no fueron parte de los grupos de tareas. “Una primera investigación los sitúa en alrededor de 30 casos, que pueden multiplicarse por varias víctimas. Ellos eran los encargados de poner los medios a disposición de las fuerzas de tareas, los que tenían personal a cargo y diagramaban los operativos”, explicó Bogetti. Desde el juzgado explicaron que las detenciones ocurrieron en los domicilios y que, una vez que se negaron a declarar, se les otorgó a todos el beneficio de la prisión domiciliaria.
El Área 400 está siendo investigada en profundidad por la fiscalía y las detenciones son parte de una estrategia para avanzar en la prueba reunida contra  los imputados. “Seguramente pediremos nuevas indagatorias, pero lo que importa es que los acusados saben que se los está procesando por una cantidad de casos por sus roles en Campo de Mayo”, dijo Bogetti, que esperan nuevas detenciones en las próximas semanas.

Ramón Vito Cabrera.
Más de 230 víctimas
Además, la fiscalía aguarda novedades por la fábrica Dálmine-Siderca de Campana. La firma -rebautizada como Tenaris-Techint- fue allanada por la Justicia y ahora se esperan los peritajes de la documentación secuestrada.  “Pensamos que en la zona de Zárate y Campana hay más de 230 víctimas, de los cuales muchos de ellos eran trabajadores de esa empresa”, dijo el abogado Pablo Llonto.
Según cálculos de la fiscalía, hay cerca de 40 casos de obreros de la empresa que fueron privados de libertad y luego desaparecidos. “Creemos que pueden existir más, pero primero queremos demostrar qué tipo de responsabilidad tenía los directivos y el personal jerárquico en delitos de lesa humanidad”, adelantó García Ordaz. Entre los represores que habrían participado de los operativos están sospechados los de la plana mayor de Zárate-Campana.

Para el abogado Pablo Llonto, pronto se sabrá el verdadero rol que ocuparon en el circuito represivo de Campana. “Fue una zona de conflictividad sindical, con muchas comisiones internas. Es muy probable que estos represores ocuparon un espacio de decisiones estratégicas para disciplinar a los obreros y favorecer a las empresas”, concluyó Bogetti.
JMM/RA

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Saint Amant II: Con importantes testimonios se desarrolló la sexta jornada de audiencias

Este miércoles en el Salón Dorado del Municipio se ventilaron detalles de la causa Montalvo y otros además de la de los hermanos Hoffer de Baradero. También declararon víctimas que fueron secuestradas durante la última dictadura militar.

Desde el mediodía pasó por el estrado Orlando “Naico” Brambilla una de las víctimas que declaró en el marco de la causa Montalvo y otros.

“En julio del año ‘77 fui privado de mi libertad junto con cuatro personas más de acá de la ciudad de San Pedro”, comenzó relatando Brambilla para luego describir cómo fue el momento en el que se lo llevaron de su domicilio: “Era de noche, estábamos en mi casa con mi familia. En ese momento vivíamos todos junto a mis padres porque estábamos construyendo nuestras viviendas. Eran las 23.00, golpearon la puerta, preguntaron quién era y dijeron ‘la policía’. Abrieron la puerta. Ingresaron violentamente 4 ó 5 personas con armas largas y preguntando por Orlando Brambilla”.

“No había otra opción que acompañarlos porque no pedían de buena manera la compañía”, remarcó Naico quien señaló que todos los hombres que entraron a su casa “estaban vestido de civil” menos uno “que andaba de saco”. “Ese era el que primero entró”, aseguró.

“No tuve más alternativa que acompañarlos”, lamentó y continúo el relato diciendo que se lo llevaron en un “Torino blanco”. En la descripción Brambilla aseguró que había dos autos más, “un Falcón” y otro que no llegó a precisar ni color, ni modelo.

“Antes de entrar me pusieron un pulóver o un trapo en la cabeza que me impidió seguir viendo. Me ataron las manos con alambre. Me sentaron atrás, entre dos personas, y a partir de ahí empezaron a comunicarse a través de Handy. Se identificaban con países o nombres de animales”, indicó Orlando Brambilla durante su relato que comenzó pasadas las 16.00 y finalizó minutos antes de las 17.00 cuanto se pautó un cuarto intermedio.

“Me trasladaron 15 ó 20 cuadras a un lugar con calles de tierra. Me bajaron, no de buena manera, y cuando me bajaron había una persona que gritaba y decía que no era él a quien buscaban, sino a su hermano. Creo que lo dejaron en libertad ahí insultándolo y a mí me meten en una camioneta que estaba cubierta, después pude determinar que era una ambulancia del Ejercito”, relató.

“Dentro del vehículo ya había otras personas. Inmediatamente habló y me di cuenta de que estaba en compañía de Motalvo, a quien conocía por compartir reuniones políticas o por compartir la vida en el club Náutico. También escuchaba toser a otra persona que no logre identificar, y después trajeron a una tercera persona. Cerraron la puerta arrancó. Después de andar un momento pasamos unas vías y tengo la certeza que pasamos la ruta 191”, continúo contando.

Según lo dicho por Brambilla la ambulancia en la que eran trasladados dobló luego a la derecha y circuló por ruta 9 hasta un camino de tierra. “Pasamos vías, se detuvo la camioneta y volvimos a arrancar. Cada tanto frenaba como pasando badenes. Entramos a una calle que tenía adoquines, ahí no tenía dudas que estábamos en San Nicolás”.

“Se abrió un portón, nos introdujeron y nos bajaron de mala manera a los golpes y patadas”, dijo de cuando llegaron a la comisaría de la ciudad nicoleña y prosiguió: “Me tuvieron un rato con la espalda y la cabeza contra la pared. En un momento alguien me robó un reloj que me habían regalado mis padres cuando termine el colegio nacional, metieron la mano en el bolsillo y me sacaron la poca plata que tenía. Al rato vino otro, yo hice un movimiento y recibí unos golpes”.

“Después de un rato me agarraron de los cabellos y de un brazo. Me metieron en una sala donde había mucho olor a alcohol. Uno empezó a decir que si yo hablaba iba a estar un minuto y que si no tenían todo el tiempo del mundo”, reveló y dio a conocer que quienes lo maltrataron le decían que diga a que “ogra pertenecía”, quienes eran sus “responsables políticos, cuál era su “nombre de guerra”, etc.

“Intenté responder y me dieron varios golpes. En un momento me caí, se me salió la venda. Ahí me dijeron que no mirará y que me desnudara”, dijo y completó con la peor parte de su relato, el momento en que contó cómo lo torturaron: “Me acostaron en una cama y me pasaron picana eléctrica durante un largo tiempo”.

“Me volvieron atar las manos y me llevaron a una pieza. Ahí volví a escuchar la tos y me respondió que era Velasco”.

“El tercer día fue uno de los momentos más difíciles porque lo sacan a Díaz, Montalvo, Gamarra y Velasco. Quedo solo en el calabozo. Realmente fue uno de los momentos tremendos. Volvieron y me dijeron que les habían sacado foto, tomado huellas y les habían hecho firmar papeles. Fue más la incertidumbre que me llenó, porque por qué a ellos le habían hecho eso y a mí no”, expresó Brambilla que durante su relato también contó cómo los liberaron.

“Una nochecita nos dicen que nos liberen porque nos vamos. Nos sacan del calabozo. Nos sacan por un zaguán, nos cargan en una camioneta, la misma en la que nos llevaron a San Nicolás. Una F 100 verde. Nos cargan en la ambulancia y anduvimos un rato largo. No salimos por un camino de tierra salimos por una ruta. Agarramos otra, en un momento bajamos y agarramos otra ruta. Por ahí agarró un camino de tierra, paró y nos dijeron que nos iban a largar, que nos iban a dejar de a uno, que contásemos hasta 50”, contó Naico.

“Después de unos minutos logramos reencontrarnos. Hubo un momento de mucha emoción, de mucha alegría. Estábamos en un camino vecinal cercano a una estación de rebaje y a 2 kilómetros de la 191. Le pedimos al sereno que por favor avisara, llamamos por teléfono y no nos atendieron. Salimos caminando, a los pocos minutos vino este señor en un jeep y nos dijo que nos traía a San Pedro”, agregó.

“A Gina Díaz, que lo llevaron el día anterior y fue a quien más salvajemente torturaron”.

Relacionado con esta causa también declaró Montalvo Gonzalo. Un joven que se encontraba en el techo de una vivienda cuando sin mediar palabras y sin dar explicaciones lo subieron a una camioneta y se lo llevaron.

Él contó: “Anduvimos dando vuelta por San Pedro todo el día hasta que al atardecer, cuando terminaron de ver los domicilios que les interesaba se volvió para San Nicolás. Nos llevaron a la penitenciaria. La recuerdo bien, tiene una fachada amarilla”.

“Me preguntaron qué vínculo tenía con Ricardo Montalvo, la respuesta fue que era sobrino. No tenía militancia política”, relató.

Consultado por su libertad, respondió: “Un día me vienen a buscar, era temprano, y me llevan a una mesa donde dicen acá tienen que firmar su libertad y yo no creía. La leí como 5 o 6 veces hasta que leí que decía que había sido detenido por un día. Bueno, quería preguntar por qué pero la situación no ameritaba. Firmé, me dieron las pertenencias y me largaron. Empecé a hacer dedo para volver a San Pedro”.

Hoy también prestaron declaración víctimas que habían sido secuestradas en Pergamino y que después de ser liberadas debieron exiliarse en Honduras, México y Bélgica.

martes, 18 de noviembre de 2014

Inicio de un nuevo juicio a represores en la zona norte por un secuestro de 1974

Dos prefectos y un médico policial

Se juzga el secuestro de una militante del PRT de 16 años que estaba embarazada. Uno de los acusados es un médico de la policía que se negó a dejar constancia de las marcas de tortura que hasta hoy la mujer tiene en su cuerpo.

 Por Alejandra Dandan

A Marta Querejeta la secuestraron el 5 de diciembre de 1974. Tenía 16 años, estaba embarazada y militaba en el PRT. Para entonces, la organización ya era perseguida. Marta vivía entre distintas casas, dentro y fuera del país, pero ese diciembre pasaba dos días en la casa de su abuela de Campana. Hoy comenzará el juicio por su secuestro y tormentos. Marta sobrevivió. El TOF Nº1 de San Martín juzgará a dos prefectos, entre ellos uno de los jefes de la zona. Y también a un médico muy conocido de Campana, Carlos Quetglas, ciudadano ilustre y médico de la policía cuya función fue clave como garantía de la última etapa del plan represivo: Quetglas dijo que ella no tenía nada y se negó a dejar constancia de las marcas de tortura que hasta el día de hoy conserva en su cuerpo.

El juicio será corto. Marta será testigo de su propio caso. Uno de los ejes del relato estará puesto en las situaciones de tortura que no cesaron ni disminuyeron por su condición de embarazo. En el debate será juzgado el ex jefe de Prefectura Naval de Campana Carlos José Ramón Shaller y el ex oficial Oscar Rubén Montagano, ambos por primera vez en juicio.

“A Marta la torturaron brutalmente durante su cautiverio”, explica el abogado Pablo Llonto, de la Comisión de Memoria, Verdad y Justicia de zona norte. “Antes de liberarla, Shaller les ordenó a ella y su padre ir a ver a Quetglas para que el médico corroborara su estado físico. De esta manera, Quetglas participó de los hechos como último eslabón del plan diciendo que ella no tenía nada y no constatando que estaba torturada ni señalando los daños en el cuerpo. Su rol permitía que ella reapareciera como una chica más. Para nosotros su función es la del partícipe secundario de la acción que consiste en secuestrar y torturar y ocultar el hecho. Tuvo por eso participación: no denunció; no corroboró las torturas.” En esa misma lógica se está reconstruyendo en este momento el rol del Poder Judicial. Los jueces son evaluados porque “hicieron aun cuando no hicieron”.

Quetglas fue presidente del Club de Leones de su pueblo. Hoy tiene 86 años y el jueves pasado, al ser examinado por los peritos, hizo alarde de todos sus honores. Como médico, firmó la partida de defunción de Gastón Roberto José Gonçalves Pérez, aunque sin saber que era él. Gonçalves había sido secuestrado el 24 de marzo de 1976 en Escobar y enterrado como NN en el cementerio luego de ser hallado calcinado en Zárate el 2 de abril de ese año. El médico declaró como testigo en su causa.

Otro eje del juicio estará puesto en las líneas de continuidad entre 1974 y 1976. “Como sucedió en Trelew y en otros juicios del país –dice Llonto–, también permitirá probar que desde el punto de vista del Estado el plan represivo comenzó mucho antes del ’76, y que la acción de aniquilamiento y destrucción del grupo de militancia político el Estado lo llevó adelante antes del 24 de marzo.”

Pero los temas del debate no son sólo estos. El TOF está integrado por Hector Sagretti, Marta Milloc y Diego Barroetaveña. En los últimos días, los querellantes de San Martín tienen puesta la mirada en lo que irá haciendo el Tribunal durante las distintas audiencias.

El juicio se hará en una sala muy pequeña en el edificio de la calle Villate, de Olivos. El lugar no permite la presencia de más de diez personas. La comunidad de la zona está muy disgustada con este punto porque después de mucho batallar logró hace dos años que el Consejo de la Magistratura pagara el alquiler de una sala enorme en el centro de San Martín, que nadie entiende por qué en este caso no se usa. “El juicio se va a hacer en una sala donde no entra nadie porque tiene capacidad para ocho personas y eso nos obliga a hacer el acompañamiento desde la calle”, dice Adriana Taboada, de la comisión. “La sala de audiencias de Villate es muy pequeña, por lo cual sentimos que atenta contra nuestro derecho a estar presentes en un juicio que además es oral y supuestamente público”.

Taboada es psicóloga y actúa además como perito de parte en el examen de algunos acusados, una función en la que las querellas pusieron el ojo durante los últimos meses por discrepancias con criterios de los peritos oficiales. En este caso, la semana pasada, el tribunal avisó a las partes que las pericias se harían a los tres imputados el mismo día y a la misma hora, pero en lugares distintos. “Para nosotros fue un problema porque hacemos todo esto ad honorem y por militancia –dice la mujer–. ¿Así que cuántos peritos tendríamos que tener en ese momento como para poder seguir todas las pericias a la vez?”

El TOF de San Martín no está totalmente integrado. Eso provoca falta de jueces e impide que haya mayor cantidad de juicios en la zona y se avance con los juicios más importantes, explica en este caso Pablo Llonto. El que ahora comienza es el juicio número doce desde la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida, pero en la zona hay otros juicios que están esperando para comenzar. “Uno es el de los obreros metalúrgicos, que estaba listo para ser realizado junto a los ceramistas y astilleros, pero lo levantaron y pasó para el año que viene”, dice Llonto. Otro de los juicios que generan expectativas es el que tendrá como acusados a los directivos de la empresa Ford. A mediados de año se anunció que se haría este año, pero finalmente se postergó. Las demoras molestan en un contexto en el que avanzaron las causas por la responsabilidad civil de los crímenes de lesa humanidad, pero ninguno de los acusados aún se sentó en una sala pública a enfrentar un juicio.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Campo de Mayo: sentencia con impunidad en el juicio de los obreros



Condenas, absoluciones y civiles ausentes. Entrada la tarde de ayer, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín leyó el veredicto para los nueve genocidas acusados en el Juicio a los Obreros de la Zona Norte. El onceavo juicio en la Megacausa Campo de Mayo.

Gloria Pagés
 
Prisión perpetua para el exgeneral Santiago Omar Riveros; 23 años para el ex dictador Reynaldo Benito Antonio Bignone; Luis Sadi Pepa condenado a 17 años; Eugenio Guañabens Perelló a 16; 9 años para un jefe de policía y un prefecto. Sobre el final, tres absoluciones. Las víctimas, familiares y sobrevivientes expresaron su dolor e indignación.
Esta sentencia llega luego de tres meses de juicio, el llamado “de los obreros”, por una treintena de víctimas trabajadoras de fábricas ceramistas y navales de la Zona Norte de Buenos Aires, y llega luego de más 30 años de impunidad. Esto se temía y así lo reflejábamos en La Izquierda Diario

A medida que la lectura avanzaba, se temía que el tribunal hiciera lugar a nulidades presentadas por la defensa de los militares, a favor de tres prefectos. Finalmente así fue, los jueces los absolvieron, a pesar de muchos testimonios que probaron su autoría, entre otros delitos, del secuestro de Santina Mastinú y su hermano, el dirigente obrero Martín Mastinú, que continúa desaparecido y esposa de Mario Marras, quien fue asesinado. Estos prefectos ya fueron condenados in absentia en Italia por estos crímenes

Esto llenó de bronca a todos los presentes en la sala y en la calle que estaba cortada por militantes, familiares y sobrevivientes. Una condena a perpetua a un genocidio al que poca vida le queda no puede subsanar más de 30 años de impunidad que continúa. Llantos y gritos contra la justicia conmovían a todos lo que estábamos allí, por más que varios dirigentes oficialistas en un palco armado en la calle lo quisieran ocultar, ese sabor amargo fue imposible de tapar con discursos.

Esa falta de justicia fue el denominador común reflejado en todos los testimonios que recogió La Izquierda Diario: absoluciones, bajas penas y la ausencia de civiles, empresarios y sindicalistas, en el banquillo de los acusados.

Graciela Villalba, hija de Mauricio, obrero del Astillero Astarsa y querellante en esta causa, decía: “Los compañeros declararon que vieron a la gente de Astarsa con las listas de los obreros en la mano, hubo listados hasta con foto de los compañeros, hasta el sindicato entregó gente. Ya pasaron 38 años y no fue citado ni un civil en instrucción por eso empezamos a dar nombres para que los citen”.
Por su parte, Pablo Llonto, abogado de la querella, indicaba que “Ha sido un juicio donde apareció un montón de prueba en la que confirma la participación de los empresarios en los delitos de lesa humanidad pero ninguno de ellos está imputado, porque los juicios orales dependen de lo que se hace en la instrucción y acá lamentablemente el juez Suárez Araujo no imputó a los empresarios”. Y agregó que esto le deja una “sensación rara porque los civiles dieron nombres de trabajadores, las direcciones de las casas, hasta en Cattáneo (cerámica de la zona norte) los secuestros fueron dentro de la planta.”

Como hemos dicho en hace unos días , este es el tramo número once de la Megacausa Campo de Mayo, lo que demuestra la extrema fragmentación de los juicios de lesa humanidad. Pablo Llonto también se refería a este hecho: “Hay miles de imputados, pero sólo 100 han llegado a juicio oral, un número pequeño frente a lo que fue la órbita de Campo de Mayo, que implica toda la Zona Norte, desde General Paz hasta Zárate y Campana, con 5000 desaparecidos estimados, la gran mayoría obreros.” En este juicio quedaron afuera no sólo numerosos casos de obreros navales y ceramistas, sino también los de la Ford y de la metalúrgica Bopavi.

Al igual que Pablo Llonto, Paula Mañueco, abogada querellante que representa a la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, debió reconocer esta carencia: “solicitamos que se mande a investigar a los empresarios ya que tuvieron responsabilidad en estos delitos; otra petición que hicimos fue que se pida al juzgado de instrucción que se investigue correctamente los delitos sexuales que muchas veces no se investigan, porque no se quiere mostrar la magnitud que tuvo este tipo de delitos en el marco del terrorismo de estado”.

Al respecto, Gloria Beatriz Enríquez de Garay, secuestrada y con su marido desaparecido, fue una de las que se animó a contar su historia “tuve que relatar que me violaron, la pérdida de un embarazo por culpa de los golpes, no es fácil”, nos dice conmovida, y agrega “lucho por los que todavía no entraron en los juicios, los compañeros que están desaparecidos y nadie está condenado por ellos”.

De esto se trata y eso se se gritaba afuera. Ir por más, “esto no es justicia, mal y tarde no sirve”, “urgente por los civiles y el resto de los milicos genocidas”. Se trata también de terminar con la fragmentación, con la revictimización de los sobrevivientes y familiares que una y otras vez deben relatar el tormento al que fueron y son sometidos. Y de juntar las piezas que sectores de la justicia quiere desperdigar. Y es Estado y el gobierno tienen que jugar un rol: ofrecer prueba abriendo y entregando a la justicia los archivos de la dictadura. El desguace de las causas es funcional a la impunidad: liquida y diluye el plan genocida, como plan sistemático de exterminio. Por eso es fundamental que las causas se unifiquen por circuito represivo, “todos los genocidas por todos los compañeros” como dice la histórica consigna que acuñamos de parte de la Asociación de Ex detenidos desaparecidos. Y cuando hablamos de todos los genocidas, se trata de todos: los civiles empresarios, burócratas sindicales, la cúpula de la iglesia. Sin esto, con juicios tardíos y desmembrados, condenando a un puñado de viejos militares, tomando también un puñado de casos, el sabor amargo para las víctimas y la impunidad para los que no fueron nunca siquiera imputados será una constante.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Las actas de la complicidad empresarial

LA INVESTIGACION DE FAMILIARES Y VECINOS SOBRE LOS OBREROS DESAPARECIDOS EN EL NORTE DEL CONURBANO

En el llamado Juicio de los Obreros, que se ocupa de los secuestros de 33 trabajadores, se presentaron documentos que muestran la connivencia de los empresarios con el terrorismo de Estado. Fueron rastreados por un equipo integrado por parientes de las víctimas y otras personas.

 Por Alejandra Dandan

En San Martín se acerca el final del Juicio de los Obreros, destinado a buscar responsabilidades por los secuestros de 33 trabajadores de algunos grandes centros fabriles de la zona norte del conurbano, como los astilleros Mestrina y Astarsa y las ceramistas Lozadur y Cattaneo. Los secuestrados eran delegados o afiliados a los sindicatos, cercanos a las comisiones internas de las fábricas. El juicio juzga ahora a una parte de los responsables: militares, policías y prefectos. Faltan los responsables civiles: propietarios, directores y personal jerárquico de las empresas con distinto grado de colaboración. Durante el debate se mostraron varios documentos que sugieren esa colaboración. Informes desclasificados de la Embajada de Estados Unidos, archivos de la ex Dipba y también un tramo escalofriante de las actas de reuniones del directorio de Lozadur. Las actas sugieren modos posibles de cómo se articuló esa complicidad, pero impactan porque muestran, como una vieja fotografía, el espanto del patrón ante la envergadura de la organización obrera de la época.

“En la Ciudad de Buenos Aires, a los diez días del mes de septiembre de 1975, reunidos en sesión de directorio en su local social de la calle Bernardo de Yrigoyen 330, 4º piso, los señores directores de Porcelana Lozadur SAyC que firman al pie, bajo la presidencia del doctor Mario Jorge Amoroso Copello y con asistencia de los señores miembros de la comisión de fiscalización que firman también la presente acta, se abre la sesión siendo las 14 horas –escriben–. A continuación toma la palabra el señor presidente y plantea al directorio el problema del ausentismo obrero que supera el 20 por ciento, como así también los continuos conflictos obreros originados artificialmente por el personal perteneciente a la Focra, por lo que será de imperiosa necesidad adoptar medidas, sea cual fuere para evitarlo.”

El hallazgo de estos libros de actas es parte, a su vez, de una segunda trama de este juicio. La historia de un equipo de investigación compuesto por distinto tipo de personas: familiares de los desaparecidos, con sus distintos saberes, pero también un viejo apoderado del sindicato o una vecina, la hija de la dueña de una tienda de pueblo, ubicada a una cuadra de dos hermanas de trabajadoras de Lozadur desaparecidas. Liliana Giovannelli pertenece a ese equipo. Era trabajadora de laboratorios Roche y esposa de Juan Carlos Panizza, Cumpita para sus compañeros, uno de los desaparecidos de Cattaneo, la otra fábrica de cerámicas. Se encontró con estos libros en el juzgado oral de San Martín. Los querellantes los habían mandado pedir al juzgado de quiebras. Cuando estaban ahí, a medida que iba pasando las hojas, Liliana comenzó a tomar notas con lo que tenía a mano. Al llegar a su casa, puso los datos más importantes en un mail destinado a sus compañeros.

El 21 de febrero pasado, Liliana Giovannelli escribió: “En el juzgado oral estaban los libros de actas de la reuniones de directorio de Lozadur desde 1956 en adelante. Revisé a partir de agosto 1973 (toma sindicato), hasta 1978. A partir del ’74 comienzan alusiones al personal en relación con problemas de ausentismo (20 por ciento). En septiembre de 1975 ausentismo y conflictos obreros ‘originados artificialmente por el personal perteneciente a Focra’. En octubre del ’75 hablan del principio de autoridad muy deteriorado en la fábrica y deciden nombrar un gerente general (Ing. Pedro Ernesto Bouche). Cuando presentan el ejercicio del año ’75 atribuyen sus problemas a la política económica y gremial y como ya están en el comienzo del ‘76, dicen: ‘reestablecida la disciplina el rendimiento de la mano de obra ha alcanzado sus niveles normales’. En los meses siguientes las actas son escuetas y casi iguales”.

Hasta octubre de 1977: cuando se producen algunos de los hechos más importantes.
Las actas

Lozadur y Cattaneo eran dos de las fábricas más grandes en la zona norte. Cattaneo tenía 500 trabajadores; Lozadur, en Villa Adelina, más de mil trabajadores, la mayoría mujeres, como quedó reflejado entre los desaparecidos: cuatro de los siete desaparecidos de este juicio son mujeres. Para 1973, las dos fábricas estaban movilizadas. La futura lista marrón tomó la filial 2 de Villa Adelina del Sindicato de Ceramistas. Había reclamos por mejoras de salarios y mejores condiciones de trabajo. Varios testigos recordaron en el juicio problemas por las altas temperaturas de los hornos; afecciones respiratorias por falta de extractores para absorber polvillo. Deterioros físicos por el acarreo de las zorras, usadas para trasportar cerámica dentro de la fábrica. Con el envío de un veedor y una disposición del Ministerio de Trabajo que ordenó elecciones, ese año ganó un armado clasista de la lista marrón. Y volvió a ganar en 1975. Ese año, junto a los astilleros se impulsaba la Coordinadora Fabril en la zona norte con alta capacidad de movilización y enfrentamiento con la burocracia sindical. Después del golpe, la filial quedó intervenida por el comandante de Gendarmería Máximo Millarck. Ya en 1976 y 1977, bajo el peso de la dictadura, los trabajadores continuaron con distintos tipos de reclamos y actividades de resistencia. En ese contexto, a fines de septiembre de 1977, Millarck convocó a una reunión a los delegados y les pidió que volvieran a las secciones para suspender una de las últimas huelgas. Les dijo lo que muchos testigos repitieron durante el juicio: que si no lo hacían, iban a venir los “bichos verdes”. La huelga continuó. El 18 octubre de 1977 Lozadur simuló un cierre por una quiebra cuyos vaivenes ahora se ven escritos en las hojas del directorio. Quince días después, los “bichos verdes” secuestraron a los trabajadores de sus casas y meses más tarde volvió a abrir la fábrica.

El acta del directorio que sigue a continuación es del 14 de octubre de 1977: cuatro días antes del cierre. “El presidente manifiesta que como es de conocimiento de los señores directores, a comienzos del corriente mes se inició en la fábrica un movimiento gremial de acción directa consistente en la disminución intencionada de la producción a pesar del anuncio, previo al movimiento, de que en el curso del mes de octubre se otorgaría un aumento general de salarios. Dicho movimiento ha producido una disminución de la producción y consiguientemente del despacho y de la facturación, de tal magnitud que amenaza hacer conducir a la empresa (...) a no hacer frente a las obligaciones financieras y o bancarias (...) Tal situación hace simplemente imposible continuar soportando un conflicto gremial sin solución aparente por cuanto los obreros no sólo no informan oficialmente los motivos de su actitud, sino que ni siquiera concurren a las citaciones del Ministerio de Trabajo y se han negado a acatar las instrucciones e intimidaciones de las autoridades competentes y del interventor militar en el organismo sindical para normalizar el trabajo. Actualmente, las autoridades competentes han dispuesto que el conflicto queda sujeto a las normas de la ley 21.400 de seguridad industrial. (N. d. R.: de septiembre de 1976, una estrategia para militarizar a los trabajadores en huelga.) El problema del conjunto planteado exige soluciones drásticas y definitivas ya que, de no lograrse las mismas, la liquidación de la empresa será inevitable con todas sus consecuencias jurídicas, económicas y sociales. Por consiguiente se resuelve, por unanimidad, proceder previa intimidación legal al despido con causa justificada de todo el personal en conflicto, en caso de no normalizarse el trabajo a la cero hora del día 15 de octubre.”
Liliana

“Conocí a Carlos (Panizza) en noviembre del ’74, estuvimos dos años de novios, los dos trabajábamos, fuimos comprando las cosas para equipar un lugar para vivir, dos meses antes de casarnos alquilamos una casa en Martínez y en febrero del ’77 nos casamos. Carlos iba a seguir abogacía y yo psicología”, explico Liliana Giovannelli durante la audiencia. Carlos esperaba los certificados de estudio de Entre Ríos. Habían comprado un terreno para construir en José C. Paz. “Trabajábamos duro y los dos tratábamos de hacer horas extra. Carlos estaba en Cattaneo con turnos rotativos: una semana de mañana, una de tarde y otra de noche. Así que nos arreglábamos como podíamos para tener más tiempo juntos. Cuando le tocaba de noche, llegaba a casa a eso de las 6.30 o siete de la mañana, desayunábamos y luego yo me iba a trabajar y volvíamos a vernos a las seis de la tarde y hasta 21.30, cuando él volvía a irse a la fábrica. Eramos recién casados, compartíamos lecturas, las cosas que hacíamos y soñábamos. Carlos militaba en el sindicato. Era afiliado del gremio, participaba de las asambleas, hablaba de política, apoyaba las medidas que se tomaban, era un tipo politizado, sin bien no estaba afiliado a un partido.”

Liliana repite en voz alta alguno de esos reclamos: el polvillo, el calor de los hornos, los sueldos bajos y atrasos en las quincenas.

El 27 de octubre de 1977 horneó una torta de naranja. Desayunaron y Carlos se fue a la fábrica. Ese día el Ejército montó un enorme operativo durante el que se llevaron a tres trabajadores, entre ellos a él. A la tarde, como no volvía, Liliana llamó dos veces a la fábrica.

“Quiero destacar aquí que también en esto se ve la complicidad de la empresa –dijo en el juicio–, porque ante un hecho de semejante magnitud, con un operativo como el que se hizo dentro de la fábrica, con despliegue de Falcons, camionetas, donde introdujeron a los obreros dentro de la fábrica, que duró horas y comprendió dos turnos laborales, que comenzó durante la madrugada con personal de turno noche y continuó durante la mañana, ¿cómo la oficina de personal iba a desconocer lo que había pasado o estaba pasando?”.

Una vez al mes, durante años, Liliana pedía permiso en su trabajo, a veces se lo daban, a veces no, para viajar a la Capital. Iba al Ministerio del Interior a preguntar si había novedades de Carlos. Cuando salía, antes de volver, pasaba por Corrientes y Callao, donde funcionó la sede de Familiares. Siguió trabajando en Roche porque quería conservar la casa alquilada. Creía que Carlos iba a volver, después de todo, todos le decían que se lo habían llevado por averiguación de antecedentes. “Con el resto de los familiares de la fábrica, nunca nada”, dice. “Yo no trabajaba en la fábrica, así que no sabía dónde vivían. En algún momento intenté armar una pareja, pero no pude, porque esta historia nunca se cierra.”

Con el acceso a Internet algo cambió. Cada tanto, googleaba el nombre de Carlos. Encontró el documento desclasificado del Departamento de Estado de Estados Unidos que días atrás se presentó en el juicio. Pero no sabía qué hacer con todo eso, dice, “porque es más, yo tampoco sabía que podía querellar. Yo esperaba que alguien de la Justicia me llamara. Hoy entendí eso, que sí puedo empujar y no esperar a que me llamen, como que cambió mi historia, empecé a meterme más”.

Una noche de 2009, frente a la televisión, miraba por Canal Encuentro un programa de los archivos de la ex Dipba de la Comisión Provincial por la Memoria. Había un obrero, que ella imaginó de Astarsa, entrando a los archivos, no se le veía la cara, pero buscaba entre los archivos. “Nunca se me ocurrió pedir informes ahí.” Y justo en ese momento sonó el teléfono: era Adriana Taboada, de la Comisión de la Verdad, Memoria y Justicia de la Zona Norte.
Adriana

“Yo creo que esto es un tema fundamentalmente de poder y de la transformación de las prácticas”, dice Adriana Taboada. “La mayor parte de la gente, cuando tiene un problema legal, busca un abogado, le transfiere la información y el abogado se ocupa de ver cómo resuelve el problema, entonces el que hace es el abogado y uno espera, y tiene un rol pasivo. ¿Qué nos enseñan estas causas de derechos humanos? A mantener un rol activo durante todo el proceso. Hay momentos en los que el abogado tiene un rol específico, pero después hay todo un universo de cosas para hacer: desde la investigación de todo, no solamente contactar a un familiar o a un compañero, sino recorrer los barrios, buscar testigos, buscar los libros, documentación. Además de declarar o acompañarnos. No delegamos la causa, la causa es nuestra, y es la posibilidad de trabajar colectivamente: se puede enfrentar o resolver esto colectivamente, se genera una práctica: nos juntamos, nos organizamos, pensamos juntos. Es fundamental pensar que el terrorismo de Estado pegó en la fragmentación social y que lo que nosotros hacemos todo el tiempo es volver a tejer donde hay un agujero.”

Adriana tiene cuatro primos desaparecidos, es psicóloga. En algún momento llegó a sus manos un listado de familiares. Llamó a Liliana, y en paralelo le contaron que había un grupo de docentes reconstruyendo las historias de dos hermanas, Dominga y Felicidad Abadía Crespo, dos trabajadoras de Lozadur, en el marco del Programa Jóvenes y Memoria.
Las docentes

“El día que nosotras vamos a la casa de Adriana, estaban Pablo Llonto y Liliana (Giovannelli) y todos nos conocimos ese día: fue impactante porque Liliana nunca jamás había sabido nada de Carlos. Nunca nada. A todo esto, la profesora de historia de nuestro equipo había ido a la ex Dipba y encontrado cosas relacionadas con el gremialismo, el movimiento obrero, ceramistas.”

Ana Bringas vivía a una cuadra de Dominga y Felicidad. Eran hijas de una familia de inmigrantes españoles, perseguida por el franquismo. Dominga, la mayor, tenía 27 años, cocinaba, tejía. Ana era cinco años más chica. Su madre había puesto una tienda con todo lo necesario para un pueblo que recién empieza a formarse. La tienda se llamaba Feria Americana. “Las chicas eran divinas, las dos preciosas”, dice Ana, a tantos años de allí. “Y los Abadía eran gente que, aun con lo que les pasó, ni siquiera les escuchabas una subida de tono: a lo sumo, el padre decía: ¡Estos desgraciados, robaron hasta bebés! Esto era lo máximo. La madre (Baltasara) fue la primera querellante de esta causa.”

Hace años, cuando murió el padre de las chicas, Baltasara se volvió a España con unos sobrinos. Le dejó al casa a otra vecina que guardó muchas de las fotos y documentos de la familia. Ana golpeó la puerta de esa casa cuando era docente del Instituto Superior de Formación Docente de San Miguel. Con dos compañeras (una socióloga, María Conte, y una historiadora, Mónica Parada) llegaron a la vieja casa a reconstruir la historia.

“Yo era chica cuando desaparecieron las chicas, y me acuerdo de que Lanusse estaba esa noche en el barrio porque tenía una casa en Del Viso. Le dijo a la familia que sabía lo que estaba pasando, que no lo compartía, pero que no podía hacer nada. Nosotros nos fuimos embalando con el tema y en marzo de 2008 hicimos una instalación en la Universidad de Tres de Febrero con vajillas de cerámicas de ellas, pero también de Lozadur, porque empezamos a buscar y nos dimos cuenta de que en muchas de las casas había cosas de Lozadur. La fábrica era tan grande y tan importante, tenía tanta importancia para Sudamérica, que todas comprobamos que en nuestras casas teníamos algo.”

La instalación se llamó “Mis vecinas Dominga y Felicidad”. Al comienzo contaba lo que entendían que pasaba: era una historia en círculo sobre una familia de inmigrantes perseguidos por el franquismo que volvían a ser perseguidos acá. “Lo relacionábamos con la fábrica porque sabíamos que había otros desaparecidos, pero no teníamos más que un nombre y nada más.”

En 2009, un año después, se produjo el contacto con la Comisión.
Las conexiones

Liliana Giovannelli agarró el listado de la Conadep y encontró el nombre de Jorge Ozeldin, otro de-saparecido de Cattaneo. Hablaron con una cuñada; ella pasó un teléfono de Mar del Plata; un hermano dio una foto de Ozeldin. Encontraron la foto en Facebook, pero se dieron cuenta de que no era de Ozeldin sino de Omar, su hijo. Omar hoy participa de los juicios.

Ana Bringas fue tres veces a la casa donde había vivido Pablo Villanueva, uno de los desaparecidos de Lozadur. Fue hasta que le abrieron puerta. En la casa todavía vivían las tres familias de entonces. “Di con un hermano, Juan Villanueva, me dijo que vinieron los militares. Me interné a hablar con él, fui sola para que no se asustara, y este hombre me dijo que sí, que iba a declarar. Después volvimos con mi amiga la socióloga, pero esta vez nos dijo que no y la mujer me echó: no quería que se hablara más del tema. Me fui y volví una tercera vez con María. Estuvimos paradas en la puerta de la casa. Nos quedamos ahí. Y bueno, al final salió la mujer y nos dijo que a lo mejor su cuñada nos podía ayudar. Resulta que su cuñada había trabajado en Lozadur.”

Ramón Villanueva, uno de los habitantes de esa casa y tío de Pablo, había trabajado en Lozadur. Lo mismo que su esposa, Rosa Samaniego. Los dos declararon en el juicio.

En 2010 colocaron baldosas en Cattaneo y en el antiguo frente de Lozadur que ahora es el comienzo de un parque municipal. Dora Ludueña, la esposa de Pablo, se acercó al acto. “Muchos familiares se acercaron a ese momento. Hicimos todo un trabajo de territorio en el barrio, puerta a puerta –dice ahora Liliana–. En Cattaneo los secuestros habían sido dentro de la fábrica y pensamos que los vecinos que aún vivían en la zona podían darnos datos acerca del operativo. Y luego con el objetivo de atraer la atención de ex trabajadores decidimos poner la primera baldosa señalando el lugar de donde fueron llevados los obreros e hicimos entre todos las baldosas de Lozadur. Las confeccionamos al aire libre en donde estaba el predio de la fábrica. Fue muy importante porque en esa hechura se juntaron varias generaciones de los familiares y se acercaron muchos ex trabajadores que vivían en la zona.”

Dora Ludueña también fue trabajadora de Lozadur. Y logró declarar durante una de las últimas audiencias. También lo hizo Marisa Villanueva, la hija de ambos.

“Yo creo que el rompecabezas se termina de armar en el momento del juicio –dice Ana–. Ahí terminás de ver todo lo que pasó. Y es impresionante.”

La represión de Estado apuntada a los obreros en los juicios de zona norte

El caso que reveló el ataque a los trabajadores

Esta semana comenzaron los alegatos que permiten reconstruir un capítulo menos conocido de la represión, la que específicamente buscó quebrar comisiones y ahogar reclamos. Las 33 víctimas eran navales y ceramistas.

Por Alejandra Dandan

En el tribunal, las fotos de los obreros desaparecidos por activismo en sus fábricas.

Imagen: Rafael Yohai.

El juicio de los obreros de Zona Norte entró esta semana en la etapa de alegatos. La fiscalía y la querella de las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y de la provincia de Buenos Aires pidieron penas de 9 a 25 años de prisión y perpetuas para el policía, los tres prefectos y los cuatro militares acusados, entre los que está el jefe de Campo de Mayo, Santiago Omar Riveros. Sus 33 víctimas fueron trabajadores de astilleros navales y ceramistas, con lo que los alegatos los presentaron como un tipo específico de víctima, como trabajadores organizados. Rescataron sus luchas, la disputa con las direcciones de las fábricas y los sectores de la burocracia sindical, roles revisados durante el juicio desde la articulación con el Estado represivo. Como ninguno de los civiles llegó a ser juzgado, fiscales y querellas pidieron al tribunal que separe testimonios y documentos para impulsar la investigación pendiente sobre “propietarios, directivos, gerentes y todas las personas que han sido mencionadas en los testimonios obtenidos que hayan podido intervenir en los trágicos sucesos, cuya materialidad ha sido perfectamente demostrada en este juicio”, como pidió el fiscal Marcelo García Berro.
En esa misma línea hicieron su pedido las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y la Provincia, representadas por Ciro Annicchiarico y Paula Mañueco: “Pedimos expresamente al tribunal que tome los antecedentes y las piezas probatorias que permiten sospechar, con alto grado de certeza, la responsabilidad concurrente de personal civil empresario de las empresas Astarsa, Mestrina, Lozadur, Cattáneo, en los delitos que fueron objeto del presente juicio”, dijeron. “De numerosas constancias y testimonios se han desprendido datos concretos que permiten concluir que empresarios y directivos civiles de las empresas fueron claros instigadores, cómplices o determinadores de los delitos que afectaron a esos trabajadores. Tales constancias se desprenden, de manera reiterada y concordante de la mayoría de los testimonios oídos en este juicio.”

Los alegatos del martes pasado se extendieron por doce días, de 9 a 21, y aún queda otra jornada prevista para el martes. En el juicio se investiga la responsabilidad por los secuestros y desaparición de 33 trabajadores de algunos de los principales centros fabriles de la zona norte, los astilleros de Astarsa y Mestrina y ceramistas de Lozadur y Cattaneo. Las víctimas fueron en su mayoría delegados y trabajadores cercanos a las comisiones internas. Los primeros desaparecidos a partir del golpe de 1976, y los segundos en 1977, luego de un año en el que continuaron con planes de lucha. En el proceso declararon antiguos trabajadores, sobrevivientes, familiares e investigadores. En los relatos hubo un acento que distinguió este tipo de persecución de la represión política, para subrayar aquí las persecuciones que en muchos casos se impulsaron desde las empresas sobre los trabajadores mas combativos y comprometidos y como respuesta a las luchas, demandas y conquistas laborales. Parte de esa persecución quedó documentada en legajos de la ex Dipba y libros de las empresas, que forman parte del juicio. En ese contexto, los alegatos no fueron iguales a otros. Las lecturas tradicionales en este tipo de tramos de los juicios, ancladas en los reglamentos secretos del Ejército y la estructura del aparato organizado de poder, necesitaron ahora contar el contexto de otra manera.
“Mucho énfasis se ha puesto (en estos años) en el tema de la violación a los derechos humanos y la persecución a los militantes políticos. Sin embargo, un aspecto muy puntual y central para entender la lógica del terrorismo de Estado es el accionar con respecto a los trabajadores”, leyó el fiscal de un texto de Sergio Wischñevsky publicado en Forjando, del Centro Jauretche. De ese texto tomó además otros párrafos: “La lucha contra la subversión funcionó más como una excusa legitimadora que como una realidad que sustentó la instalación de la dictadura. Lo que se buscó fue un cambio histórico más profundo: liquidar el cúmulo de conquistas laborales que distinguían a la Argentina del resto de los países latinoamericanos y dificultaban el establecimiento de pautas salariales y condiciones laborales acordes con las ambiciones del proyecto neoliberal en ciernes. Se atacó a las comisiones internas de fábrica y sus delegados, aunque no todos ellos fueran elementos radicalizados”.

Mas adelante, la fiscalía tomó tramos de un texto de Sabrina Ríos, de la Universidad General Sarmiento, que indica que “las ‘desapariciones’ de trabajadores y dirigentes asociados por el régimen militar a la actividad huelguística funcionaron como verdaderos disciplinadores del movimiento obrero, si bien en algunos casos constituyeron el móvil de protestas y conflictos laborales durante el período”. También sumó voces de Victoria Basualdo, Marcelo Ferreira como quien empieza a forjar un contexto histórico nutrido de un marco teórico, para fundar lo que en el juicio apareció sobremanera. “La participación de los trabajadores en las ganancias estaba en su pico más alto histórico alrededor del 50 por ciento”, se dijo. “El nivel de sindicalización de los trabajadores argentinos era uno de los más altos del mundo, y sin duda el más extendido de Latinoamérica. Este conjunto de conquistas sociales es el que se pretendió desarticular.”
De acá
Las secretarías de Derechos Humanos tomaron estas perspectivas, pero para reconstruir lo que sucedió dentro de las fábricas. Uno de los tramos más impactantes fueron las voces que durante el juicio hablaron de la complicidad de las empresas, y se rescataron en el petitorio final. Allí están los peritos, especialistas, pero sobre todo ex trabajadores.
María Rufina Gastón, por ejemplo, es la esposa de uno de los trabajadores de Astarsa. “Cuando los secuestradores se hicieron presentes en la planta lo hicieron con una lista de nombres y comenzaron a llamar en voz alta en presencia de personal jerárquico de la empresa. Llamaron a un tal Sosa, y uno de los trabajadores dio un paso al frente y dijo que él era Sosa, ante lo cual uno de los ejecutivos de la empresa intervino para decir: ‘No, ese no es el Sosa que buscan, el que buscan ya no trabaja más aquí’; con lo cual se puso en evidencia que era la empresa la que entregaba a los secuestradores listas de obreros para que fueran secuestrados.”

Carlos Morelli, ex trabajador de Astarsa entre 1971 y 1976, delegado y compañero de muchos de los desaparecidos, contó que “el 24 de marzo más de un camión ingresaron dentro de la fábrica, y un funcionario jefe de personal, con una lista, hacía que los fueran deteniendo al ingresar y los hacían subir a un camión. También recordó que había confusiones con algunos apellidos, y eran los directivos los que aclaraban a quién tenían que detener. Dijo que supieron, a partir de la infidencia de la secretaria de uno de los directivos, que la empresa estaba confeccionando una lista de obreros para pasársela a la comisaría cuando se produjera el golpe”.

Luis Fucks, otro ex trabajador de Astarsa, recordó que “el Ejército hizo un importante despliegue y materializó detenciones el mismo 24 de marzo, día del golpe. Ese día, el Ejército entró en la fábrica con listas de trabajadores proporcionadas por la empresa”. Fucks “sabe que había varias listas, y que la responsabilidad directa de los empresarios se puso de manifiesto, por ejemplo, por el hecho de que hubo confusiones con algunos apellidos, por tratarse de homónimos, y que eran los directivos los que hacían la aclaración acerca de quién era al que los militares debían llevarse y a quién no. Recordó que antes de irse de la empresa, en una oportunidad, el jefe de personal le dijo: ‘Ustedes están todos marcados, tarde o temprano se las van a dar’. En otra oportunidad, el empresario Federico Brown en una reunión tuvo una actitud amenazante, dándoles a entender a los delegados que tenía claro quiénes eran, que los conocía bien, y que se los querían sacar del medio”.

Ignacio Fleitas dijo “que el 24 de marzo de 1976 fue martes, que cuando ingresó con otros compañeros al astillero, a las seis menos cuarto de la mañana, en la entrada había un cabo primero del Ejército con una lista en la mano, pidiendo identificarse a los que iban entrando. Que esa mañana vio demorado en portería a un capataz, el gallego Sánchez, que lo dejaron demorado por error, y que los propios directivos aclararon que ese Sánchez no era el de la lista, que era otro. Igual pasó con un tal Deyé, un supervisor, que pudo haber sido Raúl Deyet”.
“Esas intervenciones civiles y empresariales –dijo Annicchiarico– fueron claramente determinantes para que los trabajadores afectados fueran victimizados, ya que de no haber mediado esos señalamientos y esas entregas de listas, tales victimizaciones no se habrían producido.” “Debemos decirlo de una vez por todas de manera clara: las corporaciones empresariales y sus dueños, cuya única lógica es el enriquecimiento a toda costa y sin límites éticos, fueron los ideólogos principales, los autores mediatos últimos, los verdaderos autores detrás de los autores, en muchos casos con terminales de decisión ubicadas fuera de las fronteras de nuestra patria.”

Antes de todo esto recordaron el paso de dos testimonios claves para la primera parte. Claudia Bellingeri, como perito de la ex Dipba y el historiador Federico Lorenz. Bellingieri recordó por ejemplo que dijo que “algunas denuncias fueron hechas por Mariano Quinteros, jefe de seguridad de la empresa Mestrina”. Lorenz fue importante como historiador para situar el contexto de los astilleros, el seguimiento de inteligencia y la burocracia sindical. De los archivos de la ex Dipba recordaron que recordó el valor que poseen los volantes políticos y gremiales que hay allí con descripción de las acciones de los trabajadores, pero también de los informes de las actividades represivas. Explicó que Inteligencia siguió de modo “muy minucioso a quienes consideraba máximos responsables de las organizaciones”, y extraía información de “buchones”. Y cuando le preguntaron de nuevo dijo que había dos tipos de “informantes”, trabajadores buchones o “fuente normalmente confiable del directorio de la empresa”. Como ejemplo habló de Jorge Rampoldi, un ex militante de la CNU, abogado y vinculado a grupos de choque de la zona norte. Tuvo un cargo en Astarsa mientras continuaba como asesor del SOIN (Sindicato de Obreros de la Industria Naval) e interventor del sindicato. “Los informes de Inteligencia sobre los trabajadores se hicieron notoriamente minuciosos para el período 1974/1975 –recordaron–: hablaban de ‘infiltrados marxistas’, de ‘infiltrados subversivos’, es decir desconociendo su clara adhesión peronista.”

En la sala, alguien levanta la foto de Francisco Pallaveccino, que acaba de caerse de una silla. Los pasillos son angostos. Las fotos se caen fácilmente cuando pasan los que llegan tarde. En unas sillas se sientan personas de carne y hueso, muchos familiares de los desaparecidos. En otras, están las fotos, muchos de los secuestrados-desaparecidos. Abajo de la foto de Pallaveccino se lee “Trabajador de Porcelanas Lozadur. Delegado Sindical. Integrante de la Lista Marrón. Federación Ceramista Filial 2 de Villa Adelaina. Detenido Desaparecido, 3 de noviembre de 1977. Presente”.

Al lado, la de Ismael Notaliberto recupera parte de la historia que se escucha en la sala. “Trabajador de Porcelanas Lozadur. Detenido Desaparecido, 2 de noviembre de 1977. Presente.” En la silla siguiente, hay otro de sus compañeros, Ramón Pablo Villanueva, delegado sindical. Y luego otro más.